jueves, 10 de julio de 2025

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947)

 

 

PARTE DIARIO

 

No sé leer
un poema
y menos
un acta de defunción,
que en espíritu negro
se hacen misma cosa.
 
No daré
opinión
si un film
es bueno,
regular
o conmoverá
la historia del arte,
o si es vecino en paralelo
de una selfie
o cualquier cosa que fije
la perdurabilidad que se olvida.
No diferencio
un actor
que remueve
las fibras humanas
del no sé qué
catártico estupor,
de un señor
que revolea
bolsas al camión de la basura
y le grita a su compañero
"¡Cuidao culiao que te la pego!"
 
No tengo
la menor idea
que quiso decir Homero,
menos el versículo VI, 32
de Marcos
en su versión
de Apolonio de Rodas
ante de que padeciera
esos tiritones
que tanto dieron que hablar
a sus exégetas
y club de fans.
 
Claro está,
nunca estaré seguro
de que las traducciones
reflejen
el pulmón o el plumón
de un texto,
o si una cebolla
clama por azúcar.
 
Nunca
sabré
tampoco
que hay oculto
en Catulo
como Lucrecio,
en Li Po
o mi amigo "Batería Baja"
que rasca el buche
con un rap
que gorgotea
y no se le entiende un pomo.
 
Por esto,
y muchísimo más,
lo único
que aprendí
es que la erudición
ensucia
el músculo
y enhebra turbulencia
donde todo producto
no necesita
de huelecomas
ni tontos que lo trifurquen.
 

- Inédito -

 

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