Fragmento de “Medea”
Todo se olvida, dicen.
No es cierto.
que lo revuelve todo
y a partir de entonces te despiertas
un día y otro día
con
el sabor de la hiel
en la boca.
Demasiado aturdida para
seguir tejiendo
la mente se repliega
sobre un color antiguo
e insiste en reavivarlo.
Todo pasa, te dicen, todo
se olvida.
¡No hay olvido!
En vano pones rumbo
a otras lejanías, te expones
a nuevas tempestades.
En vano procuras redimirte.
Tu mente es la sirena que obstaculiza el viaje.
Si no has aprendido
a amarrarte al mástil mientras canta
no concluirás la travesía.
Hacer del miedo una victoria
del horizonte el punto de destino
distrae al que se embarca
pero no le libera
y a la vuelta
se encuentra con el fardo
que abandonó al partir.
Mayor mérito hay en aprender
el arte del tejido
que en surcar los mares combatiendo quimeras.
Más corto es el camino de la araña
que aquel de los océanos.
Más eficaz saber cortar el hilo
que fondear en uno y otro puerto.
La ruta más difícil es a veces
aquella que se emprende sin moverse
del punto de partida.
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Nota: Hoy recordamos en Hermeneuta a Chantal Maillard (Bruselas, 1951), escritora y filósofa nacida en Bélgica, pero nacionalizada española, que en 2004 recibió el Premio Nacional de Poesía. Ha sido profesora y ha publicado distintos ensayos que la convierten en una de las pensadoras más sobresalientes de su generación. Nosotros ofrecemos hoy este fragmento de su poemario “Medea”, en donde su anciana protagonista se interroga sobre el dolor, la memoria y el tiempo. Por supuesto, recomendamos leerla por la belleza e inteligencia de sus escritos.
(Fuente: Hermeneuta. Revista cultural)
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