5 poemas de CAVE HOMINEM
EL
MASTÍN DEL SENDERO BIFUCARDO
¿QUÉ es el Laberinto? –preguntas.
Acaso espejo minúsculo donde titila la luz de un símbolo; piel de mujer a la orilla de un mar cegado; sendero oculto que se bifurca cuando se oye la maresia.
Hay laberintos que se construyen en soledad. Otros en colectividad. Hay enigmas en cada etapa del camino, esfinges con (más)caras de perro, que nos interrogan con palabras que no pueden ser escritas. Sospechas de la felicidad ajena y ahora, al mirar detrás (o adelante), la sientes tan presente como la tristeza.
EL SILENCIO DE LOS PERROS
I
(una noche de cacería)
LO peor no era los perros ni que todos estuvieran famélicos.
Lo peor era sus miradas barcinas, que como dentelladas, se agazapaban en la noche. Lo peor era ese temor al colapso que sin embargo ya había sucedido. El paisaje devastado: los árboles en el atlas del cielo. El vigor insomne de las hormigas frente a la ausencia de pájaros. Lo peor era la soledad acompañada. Como ciegos envidiosos de la luz apostábamos los oídos en la oscuridad como quien espera fosfenos extraordinarios pero allí solo existía la convicción dentada de los lobos: el hambre y su dominio. Aunque sus lenguas estaban atadas a las estacas del mal, lo peor era el aullido silente de los perros.
II
SIN FLORES NI SOMBRAS
(al día siguiente de la cacería)
AL alba la claridad revela flores espurias: flores sombrías, flores cenicientas, flores mustias, y no nos sirven de señuelo. Acaso un cimbel de pato nos sirva para comer carne un día, pero hemos de acostumbrarnos a pastar como los corderos. ¿Quién ha visto un cordero carnívoro? Llevábamos el valor del viento en la cara, el peligro del agua en la mar, el escalofrío del esclavo que intuye la paciente espera del hoyo. Hemos llegado al mal de la montaña, porque el miedo como los abismos es vertical; no hay mayor mal que aquel que se oculta en la transparencia. Entonces le digo: - «el mal es deseo de justicia, el bien es fruto que fenece. Ambos trabados en lo idéntico».
TENHO QUALQUER COISA DE CÃO
COMO un perro tibio de ensenadas, tengo la visión borrosa.
Entre sombras atisbo amaneceres sin sol ni luna. A veces camino con las manos y utilizo la cuatro patas para morder el tiempo. ¡Ah si pudiera decir lo que han visto mis ojos insomnes! Un ojo es todo un cuerpo, una boca es agujero negro, siempre hambriento. Hambre y distancia en el Lar Abierto. Hacerse el perro, ¿significa ratificarse como sombra o ladrar a la Ausencia?
- ¿Estás ahí, lector dormido encima de tu ubicación digital? No. Sí.
Estás ahí mientras los perros del laberinto, como Argos, huelen el olor fétido del amo. Sólo una autopista (fantasma) impide a la jauría cruzar hacia el otro lado, donde yo, perro obeso (y faldero), me escondo entre flores (olvidadas /vertebradas)…
7-7-24
CANCIÓN DE LOS PERROS PASTORES
NOSOTROS
somos los que fijamos los límites del rebaño,
los que marcamos con orines
el territorio del laboratorio / laberinto
bajo la luz eléctrica del conocimiento.
Hacemos el día igual a la noche
y la noche igual a todos los días
en los que comes pienso animal,
cosecha transgénica de cruces.
Aquí hoy sólo crecen despojos
cebados de ciencia,
tan tácitos de defunciones
que es inútil maquillar el disfraz
de cíclope eficiente.
Cuando la tarde
conjura a las ovejas
a guarecerse de la noche
sorbiendo el escombro de la sangre,
ellas se obstinan, cautivas
de un ayer propicio,
en un (des)orden insomne,
bocetos ya de carne
de cuero envejecido
en las manos urgentes
del carnicero/ del jifero.
Santiago Aguaded Landero. Cave Hominem. Ed. ACSAL, 2024
(Fuente: Voces del extremo

No hay comentarios:
Publicar un comentario