MÚSICA PARA CUANDO SE ACABE LA MÚSICA
En el principio: no hay principio–
puesto que alguna vez no fuimos nada más que el vacío.
No había campos de estrellas, sólo uno
su propio corazón.
Éramos esa estrella hasta nosotros mismos y después.
Después una caléndula, un hombre con vestidos de oro,
esas sublimidades a las que les da garganta el arte.
Incluso el amargado, agarrotado Saturno
escucha a medias ahí colgado en el espacio, casi
irreconocible, con sus lunas que lo cuidan como moscas
a un cadáver. Vivimos como una lentejuela
en un vestido de lentejuelas que se cree el vestido,
aunque tan sólo sea un borrón, reflejo de otras luces
que brillan y se curvan. Mirá, amor. Escuchá.
Somos el mundo y qué le pasa al mundo
es el canto que los pájaros se cansan de cantar.
.....
por Ezequiel Zaidenwerg-Dib
(Fuente: Daniel Freidemberg)
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