LA BOCA DEL DORMIDO
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Es húmedo el terror del mundo cuando sueño,
cuando busco, cruzadas, las cuatro últimas palabras
a los soldados.
Quisiera estar sujetando la lluvia
para que caiga intensamente hasta ajustarme con los muertos,
y tentarles, dulcemente, el zumo agrio
de sus huesos;
tiento la misma oscuridad sin que amanezca,
sin sentir el regalo paulatino de los astros y consumo, a honda virtud, la laxitud
de mi regreso.
Estoy, a pocos, volviendo a la sonora piedra
y quemándome toda la faz en los papeles.
Es triste el destino del hombre que sonríe
y vase cavando hondas y apretadas multitudes
donde arda la zarza inextinguible.
Esto me digo cuando sueño, y veo, enormes, los desiertos
y comienzan a pesarme los cuchillos,
las comidas,
las voces pringosas que se abaten
con el viento,
y me lo digo a solas, tontamente,
casi a noche y pico,
evitando que descubran el pie del que cojeo,
porque me falta media pierna sobre el rostro
y media más en esa oquedad del corazón hacia los hombres.
Y tiemblo, infinitamente, de espléndido terror
cuando la tarde se me va resbalando
desde el codo hasta la noche.
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Raúl Deustua fue un poeta peruano
(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)
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