La rana
Un perplejo avistaje entre las lajas. Sus ojos son espejo de mi eje espiritual. Dejo a un lado el martillo y el cincel, la recojo en mi pala de albañil. La población de Irlanda sin excepción desciende de ese par estupendo que pasó copulando toda una noche al fondo del cuenco de un estanque en el Trinity College. Añejo maridaje, botellas olvidadas en refrigeración del festejo del Acto de la Unión. Esta historia, sin duda, viene con moraleja. Moraleja de la época que se nos vino encima. ¿Podría sonsacársela si la agarro y la exprimo como un jugo recién exprimido de lima o como un granizado de limón?
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
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