HIMNOS A LA NOCHE
I
Con qué corazón, con qué ánimo cantarte, noche,
en esta ciudad triste como una gran niña sorda
que no podía desearnos, entre hombres fatigados
por el peor de los males, por la espera,
que venían
a repetir en vano desde todas partes
los llamados,
las comidas, las frustradas fiestas,
a mancharte
sin saberlo, simulando en tus umbrales
el inefable ruido
que es el mundo en los días de la vida verdadera?
Íbamos solos y callados por calles,
por iluminadas
avenidas,
nos mirábamos sin paz, como sacerdotes amenazados,
en nuestra piel contábamos el paso
del tiempo,
en la vaga angustia de una mujer
que nos quería,
mientras sentíamos siempre entre los dientes el gusto
honroso y mortal de un fruto de silencio
que ardía.
Y ese fruto era el válido homenaje
de nuestras voces
que el alba a veces premiaba con su turbia amnistía.
.
De: «𝘓𝘢 𝘷𝘪𝘥𝘢 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢» (1951)
(Fuente: Grover González Gallardo Poesía)
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