No hay ácido
que no endulce
la palabra,
ni río
que no enfuegue
la decepción y el fraude.
Escribe
Pedro
para el patriciado,
y José le acuña
sopa magra de pobre,
en tanto
el oro
induce al temor
y la verdad
quemada.
Sólo
hay sombras
y lechos vacíos
en el diminuto
orbe
que baja del cerro,
y con las cabras
pasta.
De todo palabrerío
es amo el rey
del látigo y el cetro.
- Inédito -
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