Aquí,
los huesos
y el fuego
que los transfigura
en ceniza.
lágrimas escarchadas
y ofrendas a esa cabellera rosa
que fue,
y hoy,
en este ataúd cancerígeno,
es desierta estación de paso.
Inerte
la maraña química
que propicia
llama blanca
y se rinde
ante un cielo inclemente
y sus dioses feroces
que se babean
por sacrificios carnales.
Aquí,
la miseria
de un yo
y su medusa corpórea
que se transmutan
en crema bacteriana
y devienen
elementos irreconocibles.
Aquí,
la verdad y la mentira,
colisión que al fin
muestra la hilacha,
pero no
la seda tibia del engaño.
Aquí,
en franco estallido
y corrupción,
la idea y el hierro
en que creíamos,
irreconciliables.
Aquí,
los restos escénicos:
el fino tejido de tu cuello
entre
las dentelladas
de otro tejido
y su caos celular,
esa flamante armonía,
ese orden asistemático,
desafiante y seguro,
inequívoco y total,
tan apasionado como doloroso.
Y un poco
más allá,
desgranada luz grisácea
que da en la ventana,
temblona de escéptico cemento,
de lluvia,
de gotas machaconas,
que se dañan brumosas
y zambullen
a grito ciego
y dócil contrición.
- Inédito -
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