VERDUGO
hasta que arda
de solo pensar
un poquito en ello.
Hacerlo,
sin amarretear una lágrima,
sin sucumbir ante la tentación
de echarse a la buena de Dios,
sin dejarse seducir
por la vocecita que aún recuerda
cuán imbécil se es
por seguir el mismo camino.
No darle la espalda
a la angustia ni al delirio
ni a la locura ni al bálsamo
que representa
beber
las escasas mieles
que deparó este páramo.
Una vez más,
por si quedan dudas,
perseguir los sueños,
hasta arrinconar al verdugo
que habita
en las propias entrañas,
hasta hacerlo pedir perdón.
.....
(Fuente: Daniel Freidemberg)
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