Del desastre
El aire, a fin de cuentas, no es más que luz desnuda donde se deben hallarse los objetos valiosos de la lírica. Del desastre, el naufragio, las familias huyeron arrastrándose hacia los conventillos, y ahí sobrevivieron, amparados en la moralidad de la esperanza, que, para los hijos, deja su metafísica agotada en pequeños jardines del hogar.
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg Dib
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