Mis viejos
vinieron del Piamonte
con una mano
que llegaba a llorar
por librarse de la guerra,
tendida
a la miseria rural
que les esperó en Mendoza.
Murieron
con una mano
atrás y la otra adelante,
o viceversa,
en el mismo mes de junio
con un año de diferencia
y cincuenta de penurias.
Y yo aquí
la ando,
medio como sin manos,
pero con lo poco
que ellas remuerden,
deshaciendo el nudo
que los sabelotodo
llaman gordiano
y yo no tengo
la menor idea,
tanto del nudo
como del gordiano,
que suenan
a caja vacía
y destino cruzado.
- Inédito -
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