miércoles, 5 de marzo de 2025

Sabrina Barrego (Luján, Buenos Aires, 1987)

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Elizabeth Tailov

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Me llamo Elizabeth Tailov,
fui alimentada con huevos de aves, pan y cebolla
por mi madre que murió de hambre
a orillas del Volga, guardándole la porción a la cría.
Me llamo Elizabeth Tailov,
mi tía se casó con mi padre (el viudo)
y viajamos en barco hasta Sudáfrica primero,
y luego hasta la Argentina
(mis vecinos en la pampa construían sus casas
como hoyos bajo la tierra por temor a los pogromos).
Me llamo Elizabeth Tailov,
a los trece me casaron con un hombre
quince años y medio metro mayor que yo;
al principio tuve que negarme
para que vuelva a pedir mi mano,
luego hicieron un gran baile familiar
y yo lloré en la habitación durante meses.
Me llamo Elizabeth Tailov,
parí once hijos: los primeros en una carreta
(dos murieron de pequeños);
su padre quiso venderlos en una ocasión
y yo la eché con una escoba de mi casa
a la mujer fina que vino a buscarlos.
(Él esperó un año fuera para poder regresar.)
.
Me llamo Elizabeth Tailov,
yo les lavaba los pañales y las sábanas
a las señoras del pueblo de Colonia Barón,
ellas no tenían mis manos toscas,
como tampoco mi lengua para contar sus historias,
pero sí el dinero para comprar azúcar,
para amasar las kreppels y cubrirlas de nieve de manteca,
sin siquiera imaginar cuánto cabe en mis palmas vacías.
Me llamo Elizabeth Tailov,
levanté mi casa en cuclillas sobando el piso
con adobe, menta y bosta de caballo;
alimenté durante décadas niños, chanchos y gallinas;
fui nido, vientre fecundo,
encendiendo velas todos los días, como acto de fe.
Y con el puñado de hijos de la mano
(a veces hasta en los hombros)
caminé kilómetros y kilómetros a la iglesia más cercana
para rezarle a un dios hombre, distinto al de mis padres,
por si acaso fuese cierto y desde su morada eterna
alguien cuidara de las madres.
 
 
(Fuente: Alejandro Méndez Casariego)

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