
BERLÍN III
Chimeneas, en un día invernal, muy distantes
entre sí, se alzan y soportan su peso,
palacio del cielo negro, que se oscurece.
A lo lejos, entre árboles deshojados, alguna casa,
cercas y cobertizos, donde la metrópoli refluye,
y sobre raíles helados con dificultad se arrastra,
pesado, un largo tren de mercancías.
Negro, piedra sobre piedra, se alza un cementerio.
El ocaso rojo, con gusto a vino fuerte,
que los muertos contemplan desde sus fosas.
Se sientan a lo largo del muro y al son de la Marsellesa,
viejo canto de guerra, tejen gorros de hollín
para el hueso desnudo de sus sienes.
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de "Der ewige Tag" (1912) en "El día eterno", Trotta, Madrid, 2018. Trad. de Montserrat Armas. Véase también, "Sincronía. Revista de Filosofía, Letras y Humanidades", n.º 83, enero-junio de 2023, Universidad de Guadalajara, México. En la imagen, Georg Heym (Jelenia Góra, Polonia, 1887-Berlín, Alemania, 1912), c. 1908 (Der Kultur) y portada de la primera edición de "Der ewige Tag".
BERLIN III
Schornsteine stehn in großem Zwischenraum
Im Wintertag, und tragen seine Last,
Des schwarzen Himmels dunkelnden Palast.
Wie goldne Stufe brennt sein niedrer Saum.
Fern zwischen kahlen Bäumen, manchem Haus,
Zäunen und Schuppen, wo die Weltstadt ebbt,
Und auf vereisten Schienen mühsam schleppt
Ein langer Güterzug sich schwer hinaus.
Ein Armenkirchhof ragt, schwarz, Stein an Stein,
Die Toten schaun den roten Untergang
Aus ihrem Loch. Er schmeckt wie starker Wein.
Sie sitzen strickend an der Wand entlang,
Mützen aus Ruß dem nackten Schläfenbein,
Zur Marseillaise, dem alten Sturmgesang.
(Fuente: Jonio González)
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