Hoy te altera aquella Némesis tan fría
en los ojos de tu infancia
solitaria. Como presagio que advierte
la inminencia insaciable
de la sombra, dispara voces
y levanta torbellinos de raíces
hundidas en tu frente. Aúlla violenta
en las esquinas de los muertos
violados antaño por el odio
contra el secreto encalado de
las simas —pedregal de viejas cosas
que hoy reclaman un nombre
a la memoria. Antígona
yace deshabitada y desnuda
en el arroyo negro de togas y sotanas.
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© Miguel Veyrat, De “Poniente” (Bartleby Editores, 2012)
(Fuente: Daniel Edgardo Petasne)
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