Me dicen
que los pájaros
cargan el poema de libertad,
plumajes vistosos,
evocación precisa,
No veo nada de eso
en las garras,
los picos prontos,
sus rituales posesorios,
sus rasantes irrupciones
de rapto y muerte
sus ojos vivaces
y calculadores.
Me dicen
que planean sobre haikus
y sonetos
y son por ello
desiguales a los otros;
que los negros
que los cogote pelado
o esos barrocos de colores
y fintas,
los pelusientos casi plumones,
los desenrollados y desleídos,
los carnívoros,
los afeminados,
los machorrones e irresueltos,
los apenados y colitas de oro,
los ausentes
y los rastreros comemierda,
los plebeyos y los endomingados,
que los aéreos,
astutos,
los estrellados o alienígenas,
que los soterrados,
que los avispones y abejones,
los portadores de augurios
y yetas,
que los curadores
y los que encajan malarias,
que los cegados con agujas
para que solfeen mejor,
que los risueños y pícaros,
que los reflexivos e intuitivos,
los que mueren en una jaula
de tanta congoja
que ni procuran huir,
que los mandrakes y mochos,
los fuenteovejunas y quevedos,
y los que no
figuran
en este listado,
en fin,
y los que andan por ahí,
fuera de contexto,
insectizados,
y etcétera.
- Inédito-
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