La Casa de los Ecos
¿Recuerdas la casa
de los ecos?
Ese oráculo blanco
perdido en un rincón
del parque Alem.
Toda mi infancia
preguntando al otro
imaginario
que me devolvía
esa voz propia
y ajena.
Los que han nacido
con ese grito
en su garganta.
Saben que del eco
de uno nace el otro.
Como Dios nace
de la palabra Dios.
Se vive de esa voz
como de un sueño.
Cuando esos susurros
cesen para siempre
cuando esas voces
nuestras y ajenas
nos abandonen.
¿Qué será de nosotros?
Ahora que se fueron los años asombrados.
Y los absurdos de siempre
nos dan la mano del pésame.
Destiempo que entrecruza vidas
y propósitos como marionetas.
Un mínimo esqueleto
puede sostener
la piel y las nubes.
Estoy pensando en Giacometti.
Más el poder nombrar
ha sido dado al hombre.
¿Quién puede
soportar esa pérdida?
Si hasta un loco
no tiene otra cosa
que certezas.
Cada cual piensa
ser esto y es lo otro
lo opuesto es siempre
la mitad mas cierta.
En tiempos remotos
escribió Lao Tsé
“Las cosas o se multiplican por minoría,
o se aminoran por mayoría”
Cada hombre
sin ser inmortal
era una viviente pregunta .
Así crecieron las artes
y disminuyó la codicia.
Ahora la música de los bárbaros cerró uno a uno
los agujeros de la flauta mágica y los amantes eternos como Pamina
y Papageno
se han refugiado nuevamente dentro de su fábula.
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