martes, 21 de enero de 2025

Doris Moromisato (Lima, 1962)

 

la luna sobre el arrozal 

 










 
 
Sus ojos dos luceros de la noche,
como inesperado insecto el tiempo
se posan en su pecho y remueve su cansado corazón.
Por el surco naranja de los ajíes se escucha
el displicente paso del ciempiés.

Las velas
aún alumbran las mamparas del patio y las tres cuerdas
de la vieja guitarra que padre convirtió en su cómplice shamisen.
Hala una cuerda y su mirada se pierde en un campo de arroz.
Su boca cansada del imperio de castizas palabras
vuelve atrás: mikayuki-sama, konbanwaa…

Un aullido antiguo brota de su pecho
animal solitario que huye de los más salvaje de su amor.
El hogar se llena de la sobria, gris melancolía.
Todo calla
y yo escucho desde mi cama, para no verlo morir.

Hala otra vez y la suave brisa estremece a las lechuzas,
la luna besa su cuerpo lleno de mikayuki-sama,
konbanwaa…

La eterna historia de la barca surcando el mar de Okinawa
brota de sus labios. Pescadores saludando a la luna,
retornando felices a la aldea.

Padre estira su voz, la luna se resbala sobre el arrozal
y la última vela empieza a derretirse sobre el piso
como mi corazón

Como su viejo cansado corazón.

***

Círculo de Poesía
 
(Fuente: La comparecencia infinita)

 

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