VERBO
Esta agitación es verbo de nada,
es verbo de nadie. Es verbo ninguno,
aunque lo murmurés, vos, en el breve canal
de Orucq donde los sueños se espesan,
la sensualidad actúa mal su papel principal
y los lucios y las parcas son esquivos.
*
No es tan incidental que leás, vos, lo siguiente:
“es tan tarde, las brujas en el bosquecito
han descubierto con sumo misterio
el antídoto, una vez más”.
*
Ya no tenés más asco, en su ventaja
aterciopelada, en la fresca de los olivos
que apresuran las desgracias y las ideologías
y parecen suplicar “no te vayas” a todo
lo que tiene un corazón prendido fuego.
*
Nos enmurgás, vos, en el mendrugo
como gomas del Petén que valen
dos regateos, una acción directa de masas,
unas canciones, un huso y ciertas complicidades.
*
Al resecar del tsunami, en el trino del shofar,
en el instante en el que el trabajador
cae en la miseria, agarrado al barandal,
a sus petates desvencijados
y a los embelesos.
*
Blanca, tan blanca, la ternura
y sus maniobras anteriores, sin saber
que ahora te importa un bledo
en lo más lóbrego de Alsacia y Lorena.
*
Desandás páramos, tinieblas, ausencias,
abismos, miserias y zarzas. Abrumás
los templetes con flores, en la epidemia, en las nupcias,
como un penitente verdadero, un ordinario converso,
y sos, ahí, otro pequeño fraude.
*
Danzás en el exacto agravamiento
donde la palabra no deja
de hacerse carne una y otra vez.
Importunás con tales frescas.
*
No crece el silencio inhóspito
en la campiña ante el gozo desmedido,
ante la muchedumbre sedienta de verdad,
ante el loco que reclama a los albañiles,
¿no lo estás viendo, vos, con tus aparatos ópticos
más relucientes y amenazantes?
No hay comentarios:
Publicar un comentario