«Epitafio en la tumba de Juan, el carpintero»
Aquí
Yace «Juan, el carpintero»; vivió setenta y tres años sobre la tierra,
pobremente, vio grandes a sus nietos menores y amó, amó, amó su oficio
con la honorabilidad del hombre decente, odió a la capitalista imbécil y
al peón canalla, vil o utilitario; —juzgaba a los demás según el
espíritu—.
* * *
Las
sencillas gentes honestas del pueblo veíanle al atardecer explicado a
sus hijos el valor funeral de las cosas del mundo; anochecido ya,
cantaba ingenuamente junto a la tumba del rorro, —un olor a la viruta de
álamo o quillay, maqui, litre, boldo y peumos geniales perfumaba el
ambiente rústico de la casa, su mujer sonreía; no claudicó jamás, y así
fue su existencia, así fue su existencia.
* * *
Ejerció
diariamente el grande sacerdocio del trabajo desde el alba, pues quiso
ser humilde e infantil, modesto en ambiciones; los Domingos leía a Kant,
Cervantes o Job; hablaba poco y prefería las sanas legumbres del campo;
vivió setenta y tres años sobre la tierra, falleció en el patíbulo, POR
REVOLUCIONARIO. R. I. P.
(Fuente: Descontexto)

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