viernes, 6 de diciembre de 2024

Marcos Herrera (Buenos Aires, 1966)

 

Puede ser una imagen en blanco y negro de 1 persona y sonriendo

 

O ALGO ASÍ

 

Caballos con cabezas humanas
y los dientes de esas cabezas
arrancados para colocar tornillos de oro.
 
Las corporaciones del silencio
están comprando todo
el oxígeno del planeta
para volver a venderlo al doble.
 
Un viejo yonqui lo llamó
el álgebra de la necesidad. Fue
el mismo que dijo que el lenguaje es un virus.
¿Había que volarle la cabeza a su propia esposa
para irse a vivir al norte de África
y escribir El almuerzo desnudo?
Tal vez.
 
Puntos de acetileno
en la bóveda azucarada del cerebro.
¿Y si el cerebro es de azúcar, las ideas
son dulces? Por supuesto que no.
¿Pero por qué no le preguntamos
a Caperucita Roja después de que
se tragó al lobo casi sin masticar?
 
Pido disculpas a los lectores por tantas preguntas.
Lo único que sé con certeza es que está llegando
el carnaval de los muertos
y que la máquina del tiempo se descontroló
esta mañana. Y donde antes estaba la mesa de fórmica
ahora hay un rinoceronte blanco
o algo así.
 
No tengo paciencia.
No tengo paciencia.
 
Por eso no puedo escribir versos largos.
Ni oraciones largas. Tampoco
puedo corregir demasiado. Relámpagos.
La estética del relámpago.
Escribo así: un resplandor y a otra cosa.
 
Paso a otro tema. El libro de quejas está disponible.
 
Ahora, en el medio de este lago (yo
estoy en un bote y tengo un solo remo), veo
un pez. Es plateado. Saltó y sus escamas
reflejaron la luz del sol. Un instante.
El chasquido que hace el pez cuando
sale del agua y vuelve a caer.
 
Pienso en esos segundos. En la aparición
del pez. Esa foto queda guardada en la oscuridad.
Como los sueños
cuando nos despertamos.
 
 
(Fuente: Tema. Poesía)

No hay comentarios:

Publicar un comentario