domingo, 22 de diciembre de 2024

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia, 1947)

 

Me fueron dados
el silencio,
el tiempo que viene de atrás,
el tremendo ruido
y el achaparrado sinchil
que brota
de a lengüetazos
en la vastedad de la montaña
y los abismos.
 
En esta imperial imponencia,
en estos riscos
y colosales anfiteatros
nada se oye,
sólo los pulmones que jadean
y la boca que echa afuera
y adentro
la incongruencia del oxígeno
y los miembros que no se ordenan
en acción común,
y aquí
sí se oye,
y mucho,
el vivir del planeta,
desde la escasísima y exquisita
arañita blanqui/roja
de los 5500 metros
como así el cauteloso crujir
del terremoto
que amasa la corteza
y lo que viene del magma,
y que acecha
para lanzar sus garras
sorpresivamente,
y es pan cotidiano
del ¡Está temblando!" 
 
Aquí no sirve
la fuerza invisible
del enemigo
ni la voz pacífica
del administrador
de la huevada.
La piedra es.
Ni falsa idolatría
ni pesebre,
ni pianitos y violines
que machacan
con su lepra
de Shopping
y "Off 50%"
 
Acá
es débil Plotino
y casi traspasado
de sarcasmos
Platón.
 
Pleno el corazón
a punto de salir,
suplicante
este alzamiento
rocoso que toca el cielo
y lo encabrita,
los dos quiero decir,
sky & heaven,
nada y todo, ;
la mula en la poca nieve
mascando algo,
noble de tanta nobleza,
en el ocaso,
verosímil. 
 

- Inédito-

 

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