Con el segundo poema, nacía la pérdida del primer
poema, y nacía a la vez otro anterior bajo el nombre
de algo que no es poema, ahora, a las seis y treinta
casi al caer el agua sobre la casa o al caer piedras sobre
ese objeto boca arriba, como son los poemas, objetos
soñado yo, casi como en un lenguaje que no podía
soñarme a mí, casi como si no fuera lenguaje sino otra
cosa, pasando la mano por esos casi ya cuatro poemas
me vi, como si arreglara las patas de una mesa, y como
si flotasen sin patas todas las mesas. Y el presente que es
igual a esto, igual a un árbol sin mesa visto desde la casa,
con todas las miles de patas flotando, desparramadas así.
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