OBRA
Nunca se construyó algo parecido
y ya sentimos la presión por terminar a tiempo.
El dios de la muerte sigue acumulando muerte.
El dios de la risa sigue acumulando risa.
Iba a ser de hierro, de tungsteno,
con los balcones caídos
como las tetas de una perra vieja
y con algunas plantas amarillas por aquí,
por allá.
Iba a ser de nada, o tal vez apenas
más concreta: de luz
con ausencia de martillazos y un soporte
que dudamos sublimar entre la música
y los suicidios con gas.
No hubo mejor amor que el de la psicodelia,
pero llegamos a destiempo,
ligeramente niños.
El dios del miedo nos vendió los seguros.
El dios del absurdo sigue acumulando gente.
(Fuente: Daniel Rafalovich)
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