jueves, 5 de diciembre de 2024

Antón Lopo (Oviedo, España, 1961)

 

LAMPÍRICOS  (fragmento II)

 


 
 
Yo también estaba allí aquel día, cuando Boris Groys dijo que el 
contexto de la vanguardia había mutado en el contexto de sus 
cifras.

Groys no mostraba indignación. Simplemente constataba un
 hecho para él “objetivo”: los números habían sustituido a los 
comentarios.

¿Podía hablarse de obras de arte o convenía referirse a un
 cangrejo de caparazón corporativo,

una estructura que aglutinaba, de manera indisoluble, la obra 
de arte y su estadística?

¿Había quedado fuera de esa lógica el poema o el poema nunca 
había sido obra de arte?



Las proyecciones intelectuales se habían abandonado en el 
cuarto de los trastos, junto con el antiguo exprimidor manual de
 limones,

y en su lugar había aparecido la licuadora del determinismo 
numérico.

Los periodistas la usaban en ruedas de prensa para justificar su 
presencia, la presencia del compareciente y la propia necesidad 
del ritual profesional.

Yo estaba allí, observando cómo unos y otros jugaban con el 
resentimiento de las masas,

observando cómo unos y otros rehacían entre las masas los
 gustos y cómo después presumían de ser ellos

los que se adaptaban a los gustos de la masa —gustos 
realmente los únicos existentes.



¿Debe un poeta seguir construyendo nasas en el aire con el material 
más frágil de la naturaleza —los círculos del no-ser—

o debe estimar las equivalencias interdependientes entre la estadística 
de la masa y la estadística del arte?

¿Debe concebir el poema en parámetros mesurables o dejar
que el poema vaya más allá de la línea sin retorno,

que incluso se extravíe y no volvamos a tener noticias suyas?



¿Debe oír el poeta al pueblo o debe oírse a sí mismo?

¿Existe todavía el pueblo o el pueblo ha sido ocupado por el 
estándar de un modelo predictivo?

¿En ese estándar, el poeta se encuentra en el rincón del gourmet
en los supermercados de marcas blancas o en los estuches de 
la seguridad social, apartado Trankimazin?



¿Debe el poeta exponerse o ser un francotirador?

¿Debe ocultarse o volverse invisible, ajeno a la toxicidad publicitaria?

¿Debe el poeta deber

o debe deber nada?

¿Poeta y deber son incompatibles? ¿Debe ser el poeta incompatible
 con algo? ¿Debe ser compatible?

¿Ser y deber son compatibles?

¿Cuántos cadáveres deben pasarnos por delante para que dejemos 
de pensar que uno de nosotros, cualquiera de nosotros, podría 
salvarse?




. Lampíricos (Diarios 8). Letraversal Ed. 2024
 
 (Fuente: Voces del extremo)

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario