jueves, 7 de noviembre de 2024

Ocean Vuong (Ho Chi Minh, Vietnam. 1988 / EEUU)

 

A mi padre / a mi futuro hijo

 

 

Las estrellas no son hereditarias.
                                                                                                                               E.Dickinson 
 
 
 
 Había una puerta & después una puerta
			en la mitad de un bosque.

					Mirá, mis ojos no son
	tus ojos.

		Me atravesás como una lluvia
						que se escucha
				desde otro país.
Sí, tenés país. 
					Algún día, lo van a encontrar
	buscando barcos desaparecidos…

Una vez, me enamoré
	durante un choque de autos en cámara lenta.

Parecíamos tan en paz, el cigarrillo que flotaba despedido de los labios de él
	cuando nuestras cabezas sacudidas hacia atrás
	golpearon contra el sueño & todo
						nos fue perdonado.

	Porque lo que escuchaste, o escucharás, es cierto: escribí
una hora mejor en la página

		& me quedé mirando cómo el fuego la hacía retractarse.

Siempre había algo que se estaba quemando.

		¿Me entendés? Cerré la boca
pero seguía sintiendo gusto a ceniza
			porque tenía los ojos bien abiertos.

De los hombres, aprendí a elogiar el grosor de las paredes.
				De las mujeres,
		aprendí a elogiar.

			Si recibís mi cuerpo, dejalo.
Si recibís cualquier cosa
		asegurate de no dejar
					huellas en la nieve. Sabé

que nunca pude elegir en qué sentido 
se sucedían las estaciones. Que siempre era octubre
					en mi garganta

& vos: todas las hojas
		negándose a la herrumbre.
	
	Rápido. ¿Ves cómo cambia la tiniebla roja?

Eso quiere decir que yo te estoy tocando. Eso quiere decir
		que no estás solo, hasta
	cuando no lo estás. 
				Si llegás antes que yo, si no pensás
							en nada

& aparece mi cara ondeando
	como una bandera rasgada: volvé.

Volvé a buscar el libro que dejé
		para nosotros, rellenado
					con todos los colores del cielo
	olvidados por los sepultureros.
						Usalo.
Usalo para demostrar que las estrellas
				siempre han sido lo que sabíamos

	que eran: los orificios de salida
					de todas las palabras
		que no dieron en el blanco.
 
 
 
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg 

 

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