EL PÚBLICO EXQUISITO
Mi poema te aburre, es evidente
que aun antes de escucharlo ya estás harto,
pues se te pone cara de lagarto
condenado a un eclipse permanente.
Me empeño en recitarlo y, de repente,
se te escapa un bostezo. No descarto
que te dé lo contrario de un infarto
y te me quedes sopa entre la gente.
Sientes que la palabra se enrevesa
en el décimo verso que recito
y empiezas a roncar sobre tu mesa.
Menos mal que mi público, exquisito,
finge que esta bazofia le embelesa
y me brinda su aplauso gratuito.
Ilustración Pinterest
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