lunes, 11 de noviembre de 2024

Anahí Maya Garvizu (Bolivia, 1992)

 

LOS ECOS DE LA SUPERVIVENCIA

 


No importa cuán estricta sea una reconstrucción,
pasados los años recordar conlleva una pérdida.
Mi madre me tomaba la mano
y se sumergía entre la multitud
buscando una porción de pescado
a través de un mercado donde no hay edición de gestos
ni de sagacidad de supervivencia.
La vendedora escogía las caras de las monedas
pegadas a un imán en su bolsillo
y entregaba el cambio en sincronía a las manos extendidas.
Al recorrer esas calles
con suerte, podía verse de vez en cuando
un ekeko que al pasar por las patas apiladas de los cerdos
hacía una mueca y luego volvía a sonreír.
Ahí las grietas eran más reales,
distraerse con un gato llevando un ratón en la boca
bastó para tropezar dejando caer los huevos
que tres perros lamieron rápidamente,
De noche la lluvia y el mismo ekeko
escondiéndose bajo el techo de la iglesia.
Cada uno se limita a sobrevivir
en el suelo que pisa a medida que avanza.
Nuevamente los perros
caminando sobre los restos de las escamas,
lo demás de la existencia fue secado por el sol. 
 
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en "Poesía femenina de Bolivia", revista "Contratiempo", nº 137, verano de 2017.

 

(Fuente: Jonio González)

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