A cien años del nacimiento

DEL MOVIMIENTO Y LA INMOVILIDAD DE DOUVE (1953) (FRAGMENTO)
Pero la vida del espíritu no es la vida
que se asusta ante la muerte y se
mantiene pura de la desolación, sino
la que sabe afrontarla y mantenerse en ella.
HEGEL
XVI
¡Mansión de un fuego sombrío donde confluyen nuestras vertientes! Te veo resplandecer bajo sus bóvedas, Douve inmóvil, atrapada en la red vertical de la muerte.
Douve genial, derribada: al paso de los soles en el espacio fúnebre, se va acercando lentamente a los niveles inferiores.
XVII
Ahora el abismo penetra por la boca,
ahora los cinco dedos se dispersan en azares de bosque,
ahora la cabeza primera se desliza entre las hierbas,
ahora el pecho se disfraza de nieve y de lobos,
los ojos alientan ¿sobre qué pasajeros de la muerte? y somos nosotros
en medio de ese viento, de esa agua, de ese frío ahora.
XVIII
Presencia exacta que ninguna llama podría ya constreñir; comitiva del frío secreto; viva, con esa sangre que renace y se acrecienta
allí donde se desgarra el poema,
tenías que aparecer así en los límites sordos y sufrir la prueba de un paisaje fúnebre en donde tu luz se agrava.
¡Oh más hermosa, y la muerte infundida en tu risa! Ahora me atrevo a encontrarte otra vez, sostengo el estallido de tus gestos.
XIX
Cuando comienza el frío nuestra mente se evade
como huye en el ozono mayor un prisionero,
pero Douve de un instante esta flecha retorna
y destroza en el suelo las palmas de su cráneo.
Creíamos así reencarnar nuestros gestos,
mas, negada la mente, bebemos agua fría,
y legajos de muerte adornan tu sonrisa,
apertura intentada en el grosor del mundo.
NOMBRE VERDADERO
Desierto llamaré al castillo que fuiste,
ausencia a tu mirada, oscuridad a tu voz;
y cuando te derrumbes sobre la tierra estéril,
al rayo que te empuja lo llamaré la nada.
Amaba el país de la muerte. Recorro
desde la eternidad tus caminos sombríos.
Destruyo tu deseo, tu forma, tu memoria;
yo soy el enemigo que no tendrá piedad.
Yo te llamaré guerra y usaré
en ti las libertades de la guerra, y tendré
en mis manos tu rostro traspasado y oscuro,
en mi alma esa región que alumbra la tormenta.
FENIX
Hacia nuestras cabezas vendrá volando el ave,
unos hombros de sangre se alzarán para ella.
Y plegará, dichosa, sus alas en la cima
de ese árbol que vas a ofrecerle: tu cuerpo.
Cantará mucho tiempo, huyendo entre las ramas,
y al alzar vendrá la sombra de los bordes de su grito.
Negando toda muerte grabada en el ramaje,
se atreverá a cruzar las cumbres de la noche.
*
¿Eres tú esta piedra abierta, este hogar destrozado?
¿Cómo es posible morir?
He traído luz, he buscado,
en todas partes reinaba la sangre.
Y grité y lloré con todo mi cuerpo.
UNA VOZ
¿Qué morada deseas para mí?
¿Qué negras escrituras, cuando el fuego se acerca?
*
Vacilé mucho tiempo ante tus signos,
me apartaste de toda densidad.
*
Más he aquí que la noche incesante me guarda,
con caballos sombríos y me alejo de ti.
Edición Bilingüe
Selección, traducción y prólogo
ENRIQUE MORENO CASTILLO

Antología. Barcelona. Editorial Lumen. 1977. Págs. 51-61.
(Fuente: La Mecánica Celeste)
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