El lápiz se ha detenido sobre la hoja.
Atrás --no, mejor arriba-- quedan los versos húmedos
recién venidos del mundo.
El lápiz se ha detenido y mi cabeza se ha levantado
para mirar por la ventana
el desconcierto común allá afuera:
Una señora pasa con una bolsa flaca en la mano.
El tipo de camisa triste y zapatos baratos debe
ser un maestro de primaria.
La chica bella cruza la escena ajena a todo
montando una Cannondale o una BMC
(no he logrado ver bien, pues ha pasado muy rápido).
El colegial camina mirando su cel.
En el seno de los ficus, las zuritas zurean...
¿Dónde encontrar un mundo realmente mío
si no en el ángulo que forman
la ordenada de mi lápiz y la abscisa de la hoja?
(...)
El lápiz ha vuelto a correr sobre la página.
El mundo se ha recompuesto.
Todo tiene sentidos (en plural) de nuevo.
Mi corazón recupera su ritmo al igual que mi mano.
Nada está consumado.
(Fuente: Lab de Poesía)
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