UNO O DOS PUNTOS ABAJO
UNO O DOS PUNTOS ABAJO
La nieve. Unos ojos casi muertos.
Los coágulos del frío en
la planicie voltaica.
El cazador se arrodillo y de su boca
salió una especie de rezo. Pero la violencia
se quemaba en sus ojos. Y en los ojos de
sus antepasados. Se sacó los guantes y
acercó las manos al fuego: una casa de oro
que se construía y se derrumbaba en sus mejillas.
Una llave de hierro. Un corazón y una
víbora vista en las pesadillas. Súcubos clásicos.
Tachos de basura vacíos. El viento rojo. Y sus ojos.
Esmaltados por el viejo pánico al que mantenía a raya.
El hambre de un depredador acumulándose.
¿Cómo vamos a hacer si ya no queda tiempo?
Carteles luminosos que titilan como fantasmas
en la superficie del agua negra. Un crupier
te vino a buscar, cazador insignificante. Pero
vos le dijiste a la administradora que dijera que
te habías ido hacía una semana o más.
De Coda, en preparación.
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