EL LLAMADO
Sube desde el ubicuo centro
que en las plantas se nombra como raíz u hoja
y como cerebro o corazón en el hombre.
Sube a estallar en la flor, en el abrazo, en la palabra:
su intensidad es su sentido.
No importa en qué ciudades de humo
nos alumbre el llamado: radiantes
incendiamos los árboles, el cielo, los sitios
en los que el hombre y la mujer se aman.
Todos los días son entonces un día o una noche,
todas las bocas, una sola.
MUJER DORMIDA O DUNAS
Apenas unas dunas
que sobrevuela un pájaro
y un caballo contempla desde su blando límite.
Alrededor, el cielo. Las distancias.
Un sol sin sol, un viento oculto,
mueven su cálida respiración, apenas.
Uno sueña las fuentes.
Despertarlas con crines y con furias.
Cavar con cascos hasta el grito.
Sólo es posible
enredarse las alas en espinas
y morir.
(Fuente: Cecilia Pontorno)
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