¿Y si se nos desgarrase el grito?
¿Y si se
nos desgarrase el grito?
¿Y si la boca enmudeciese,
cercada por la caries, por la niebla de abismo?
Ondean sus sonrisas los fascistas.
Estrechan sus manos, agujereadas
con
alfileres, adorablemente llenas de úlceras.
Doblan los espejos, se retuercen
hasta plegar la cabeza entre las piernas
y orientan el horizonte en las huellas.
Se estremecen las abejas
ante el presagio de las líneas verticales,
del ruido helado del cerrojo.
Y el viento, repleto de gargantas roídas
con los minutos astillados por
máquinas de oxígeno y medicamentos racionados,
agita el vientre de una sequía
que no llega a los pulmones.
Los caminantes bailan en círculos
sin poder mirar las nubes.
Usan sus dedos como llaves para pelar el trigo,
pero son jeringuillas de gusanos
que pudren la primavera.
Abren los ojos con fuerza,
ignoran el polvo de sus muelas,
entornan los omóplatos y peinan su sombra.
Esperanza, esperanza,
aún palpitas entre nuestras manos
porque no sabemos pronunciar las ataduras
de la palabra “resignación”.
Porque el presente requiere de todo nuestro oxígeno.
Ay, cómo titubeas ante el vértigo,
con temblor de manantial intacto.
Pero, ¿acaso tenemos otra opción
que no sea hacer de ti nuestro aliento,
que no sea mantenerte
como luciérnaga ante nuestros pasos?
(Fuente: Voces del extremo)

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