5 poemas de ENTREVISTA A ALBERT EINSTEIN
Aquel tronco cortado
Desde lejos ya se adivinaba
su silueta excepcional
y me pareció tan bello...
Aquel tronco cortado
tenía forma de corazón:
un corazón perfecto,
hueco como un joyero cursi.
Me puse justo encima:
hice una foto para Instagram
impresionado
por la basura que se acumulaba dentro.
No tengo alma, no tengo corazón
En mi relación con los demás
no tiran de mí bueyes a paso lento,
más bien tiendo a precipitarme como un caza
de los que hacen demostraciones con humo
multicolor. No tengo corazón que se me rompa,
ni alma donde albergar la imagen de un dios;
solo soy una voz profunda que,
como un rabdomante, busca calor hogar
con el que ungir de cuidados esta insignificante y frágil nervadura.
En mi relación con los demás
solo soy una voz en postura de defensa
solo una voz, eco arcaico, programa inexacto,
disco rayado, ser pragmático, una voz
cavidad profunda, animal incrédulo, palabra superpuesta...
carezco de corazón, carezco de alma, una voz
disco rayado, frecuencia corta, palabra superpuesta,
una voz, animal incrédulo, programa inexacto,
volumen atenuado...
En mi relación con los demás
en el mapa angosto de mis relaciones con los demás,
solo soy una voz...
Incansable
testaruda
siempre repite el mismo mensaje:
recalculando, recalculando, recalculando…
Gayumbos
En cada hombre hay un poeta,
y sólo con el último hombre morirá el último poeta
Sigmund Freud.
Perfil gayumbos llegó como una visita inesperada.
Inesperada porque en esto de las aplicaciones para contactos sexuales
siempre surge un contratiempo:
un aspirante más joven, una desafortunada última foto
o, simplemente, porque el interlocutor ha sido muy rápido
y tú, ingenuo, piensas que está de camino.
Perfil gayumbos llegó con gafitas de tío listo
(un poco de neuronas ayuda, pensé)
con sus brazos voluminosos y tatuados
(un poco de cuerpo no está mal, me relamí)
y, además, miraba con ternura
(también quería un poco de aquello).
Lo llevé tímidamente (una timidez impostada,
más bien teatral) al dormitorio.
Nos desnudamos cada uno por su lado
con un poco de primera vez y un poco de rutina.
Perfil gayumbos llevaba unos calzoncillos de la capital,
unos calzoncillos espectaculares, de esos que proyectan
en tu imaginario un cuerpo que no es el tuyo.
Sin dejar de observarlos me acerqué por detrás,
lo abracé, pero mis manos se deleitaban más en la dulce tela
que en la dura carne, y entonces lo dijo:
“rómpeme los gayumbos”.
Mi arraigado pragmatismo hizo que,
automáticamente, le ofreciera unos viejos
y él se giró y me miró como si se me hubiera ido la cabeza
y entonces sentí miedo a que se fuera,
justo como cuando te viene una idea o un verso para un poema.
Y rápidamente, como pude, rápidamente
introduje decidido, con fuerza, uno de mis dedos
y tiré, tiré sin querer mirar lo que estaba haciendo,
y rasgué, rasgué el exótico tejido...
Inmediatamente, pensé en la escritura,
pensé en el poema, en este poema
y en todas las cosas que se tienen que romper
para encontrar la belleza.
El mundo perfecto del que todos hablan
Dedicado a Dios
Mi madre fue:
la primera recolectora
la primera cazadora
la primera agricultora
la primera exploradora
la primera poeta
y la primera científica.
Mi madre es las Naciones Unidas,
mantiene la paz y seguridad de quien la rodea
fomenta relaciones armoniosas de índole casero o vecinal:
sus manos despliegan campamentos y atardeceres
sus palabras cicatrizan acantilados
sus abrazos son fronteras sin límites.
Mi madre es la UNICEF,
su bandera son las manos que sujetan
oportunidad de triunfo y merienda;
distribuye cuidados y unos pestiños que curan sobremesas.
Mi madre es la capitana mayor de los Cascos Azules;
incluso cansada ejerce la disciplina de la sonrisa.
Domina las prácticas de supervivencia: si la fiebre o el dolor
saltan, ella lo hace más lejos.
En caso de conflicto despliega una caricia,
bombardea con croquetas, somete a sopa las aguas revueltas.
Mi madre es la OMS,
Participa en todo tipo campañas;
si le pido que pose junto a unos leggings
lo hace desinteresadamente:
nadie mejor que ella conoce las propiedades beneficiosas
de la sonrisa que estalla por los pasillos del centro comercial.
Mi madre es el Banco de España:
concede microcréditos a fondo perdido,
y como ministra de exteriores
vigila el riguroso cumplimiento de las leyes
de llaves puestas por fuera
y nevera siempre abierta.
Dice cosas como “no sirvo”
“no tengo vida en la sangre”, o “ya no veo nada”,
y a los tres segundos canta cuarenta en copas
y se levanta para hacer una migas.
Cuando me voy siempre sale a despedirme
y me transmite algunas recomendaciones
de la Dirección General de Tráfico
y del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social.
Camina desde hace noventa años
¿Se dan cuenta? Noventa años…
Solo cuando se cansa, busca mi brazo:
ignora que soy yo el
que se agarra a ella.
Como el que se encuentra una cartera
Agradeces mis poemas mientras yo me muerdo
la mentira de ofrecerte versos ajenos:
aquí no hay convergencia creativa que valga
—existen teorías que podrían demostrar lo que digo—,
y sufro el fracaso al intentar reflejarte en un todo
convincente —también hay teorías al respecto—.
Más o menos, lo que te quiero decir
es que tú mismo eres los poemas
y que yo alcanzo, si acaso, a restituirte una parte
como el que se encuentra una cartera
y solo devuelve los documentos.
Tirso Priscilo Vallecillos.Entrevista a Albert Einstein. Ed. Trea. 2023.
Ilustración de Daniel Macías Díaz
(Fuente: Voces del extremo)

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