y hay días en que uno es un finísimo jarrón de porcelana
hecho añicos en el suelo
donde es más fácil tirarse a la basura
que buscar un arreglo
y aún así
uno se integra a la estantería de figuras resanadas
simulando ser perfecto
útil
e inspirador
haciendo creer que su inexistente hueco
todavía puede recibir la fresca belleza
de muchas flores muertas
y hay días que ni los ansiolíticos ni los ansiosos
ofrecen solución
y es únicamente la ruina
cínica y honesta
que no salva apariencias
y hace que te topes con otros
que la están pasando peor
y comentan lo bien que te ves
(del libro: piropos musicales de la indigencia)
(Fuente: El Hombre aproximativo)
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