¿Dónde irán
de luna, vino agrio
y un cuenco de arroz
aquellos chinos poetas
acoquinados
le agolpó vapores
y un cauce de agua
que de a trancos se apaga?
¿Dónde los témpanos,
el sombrío júbilo,
el rubor y el desvío elíptico
de Novalis, von Kleist,
y el desanimado Hölderin
en la noche opulenta
y sus líneas coléricas
en tanto moribundas?
¿Acaso aliviaban
la negra bóveda mortuoria
con anhelos y pujanzas,
manzanas azules,
un tropel de aparecidos
y la marca quemada
del soplo y el llanto?
Se manifiesta
el arco iris
enfundado
sin luz;
por contrarios
el sueño y el trueno.
Pero,
diga lo que se diga,
ninguno bailó lambada.
¡Cuánto hueso plantar
caído del cielo
sin rozar la tierra
y su gacha cabeza!
- Inédito -
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