Pelo
La caída del pelo es incesante en la tierra.
Y los barrenderos lo barren con sus largas escobas:
lo barren hasta donde los ratones se lo llevan para forrar sus nidos,
o se riza abundante alrededor de cráneos de telgopor sin ojos,
o lo cosen a las santificadas camisetas de los masoquistas.
Aunque los pelados recen por una recuperación milagrosa,
aunque las mujeres se aguanten las lágrimas
mientras le dan propina a la esteticista,
su función se realiza por medio de una infinita falta de fe.
Así que si es verdad que tengo que vivir sin vos, varada
acá en la tierra del buen comportamiento, no escatimo mi pelo,
lo mando victorioso al mundo, aunque una noche
vos le hayas hecho una trenza con tus manos cuyo toque
yo finjo recordar, una trenza con toda su extensión,
lo más tirante que pudiste, sólo para soltarlo.
Traducción: Ezequiel Zaidenwerg
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