martes, 12 de octubre de 2021

Washigton Cucurto (Quilmes, Pcia. de Buenos Aires, 1973)

 

 

Patos de plástico en una palangana
 

Darles la vida sería el milagro.
Pero lo único que puede darles la vida son las pilas. Así,
como Io único milagroso que hay para nosotros (porque depositamos nuestra fe en ella) es una Cuzqueña bien helada.
Desafortunada comparación para los patitos del Paraguay fabricados para hacer furor en la mentalidad infantil de la época.
En dias navideños ningún pibito se fijaría en unos patitos chapoteando en una palangana. ¿No tendrán una correcta exhibición?
Los patitos de plástico son la novedad en estas fiestas y en las baldosas de la Recova del Once, ahí donde la Avenida Pueyrredón muere.
Hay que salvar a estos patitos de las manos callosas de sus vendedores, ofertantes de porcelana, gritones de estilo superpasado que los llevarán irremediablemente al fracaso comercial. ¡El fracaso comercial baja al espíritu!
Les pasará lo mismo que a los cubos mágicos ofrecidos por malos vendedores de ciruelas, de cadenitas, de figuritas de fútbol viejas. Un vendedor de figuritas no puede nunca largarse a vender patitos de plástico.
¡A la mierda los vendedores de figus de fútbol viejas!
¡Esto es el Once!
«A cada vendedor su mercadería», tendría que explicitar un cartel en esta centenaria Recova.
-.-
 
 
 

Y he contribuido al bienestar nacional…
 

Cierto es que añoro los tiempos
en que el monzón pasaba sacudiendo
mis cabellos y de mí salía un dulce
olor a duraznos y lo mejor ocurría
cuando las papayas florecían
en el fondo de mi patio.
 
Y no hay escala mejor para el amor,
que cuando las papayas florecen
sobre la hierba seca y dura
en el fondo de tu patio…
 
Ah, lejanos tiempos en Lima La Horrible
o atendiendo una ferretería
en la bellísima Panamá.
 
Me han amado y me han dejado:
como corresponde a todo lo bien amado.
 
Tuve tres hijos en Panamá
y seis en Venezuela. ¿Qué más puedo pedir?
No me quejo del amor
ni de sus cuidados.
Me ha dado más que a muchas.
 
He gastado treinta largos años,
para adquirir experiencia
y a mi poca sabiduría la tengo bien atendida
y cotejada. Ya basta, ya no soy una florcita,
estoy próxima al polvo de los cincuenta
y lejos de la silueta.
 
Soy la respetabilísima, la Dominicana.
He pagado los impuestos con mis ahorros.
He contribuido al bienestar nacional.
 
Y todavía conservo el orgullo
de afirmar que ninguno
ha sido infeliz en esta cama.
¿Me escuchas? ¿Estás ahí?
Te estoy hablando, pelotudo.
-.-


(Fuente: Aldo Novelli Real)

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