el Árbol
a helena roig, hija de míl
Y
SIN EMBARGO
era un río donde no crecían
ni raíces
láudano
ni fuego de árbol
ni siquiera...
ni aún siquiera...
ni la tierra cuando fue ceniza
derramada en sus horas repetidas
sordas entre sistros y
tambores
y unos cantos como
ramas alargadas
ni la lumbre retumbaba
ni bellísima la encina
nos hundía el corazón en
las alturas
dinastías de vástagos y dotes
dinastías que se entierran
en ciudades
ciudadelas que se pierden en rescates
y un hedor de boca
restituye el don primero de las
cosas:
esta su primera causa
donde brota el cedro sin semilla
la historia
su anatema
INMENSIDAD DE SOL
y entre las barbas
de los árboles
sus vestigios como
antiguas mutaciones
entonces nos cubríamos
la espalda
con la mesura de sus
hojas
entonces se nos calentaba
la sangre
y la vida era una sola
entre la punta de los
ápices
entonces nos hinchábamos
de agua
y encogíamos la boca
con el primer sorbo de
luz
por la mañana
y de las escamas de la
tierra
nos brotaban sus eternas semejanzas
CUÁNTA PASIÓN ANTE LOS PIES
de una ladera
y en el Árbol
acaso el regocijo
--acaso una semilla--
un robusto punto blanco
que germina con la
voluptuosidad del gesto
y la abundancia de los
años
y el ímpetu...
acaso un puñado de tierra
que se estira
entre la piedra
el fuego
y la marea
crecía entonces boca arriba
crecía entonces boca abajo
y en las grietas de
su rostro
y en las curvas de su lomo
se nos parecía un
tallo hermoso
PLENITUD...
origen y destino de una
breve danza
quién pudiera detener
su cuerpo entero
y la fuerza de su
trompa
si no fuera por el verde
de sus ramas
y el escozor de sus
raíces
fecunda faja de tierra!
--fecundo mar
fecundo fruto--
y no había en el Árbol
más que ofrendas
cantos
y presagios
sin embargo
un mutismo de tiempo
nos estrechaba
la voz
y nos endurecía el brazo
con la pesadez de
sus racimos
y un rumor del norte
nos advertía del volumen
en su sombra
y el perfume de
sus flores...
(Fuente: Cyber humanitatis (N 38)
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