lunes, 11 de octubre de 2021

Julia Wong (Chepén, Perú, 1965)

 

 

Cielo Zambo 

(París africano)


La rata azul es ciega

En su paseo nocturno ha calculado esta desgracia

Suma

El quipu hambriento anuda el limbo

Vino llegando trajinada de los sures olvidados

un cuerpo más, la miscelánea del topo

La multitud sedienta se incomoda

Un hueco en el tambor

Brilla el sudor

Lágrima prieta cae en la cabeza de un gendarme

El lánguido oropel se despelleja en balas

Embajadas, ritmos,

desazones,

cayeron los soldados y las sillas

la explosión inaudita del pentagrama

bataclán se acurrucó en la metonimia

habemus más dioses que grupos de rock

je sui un migrante más, soy el truco del pobre

un corolario

un texto para todos

un laberinto

no es así el horror, no es así la muerte

no es así la intensidad de la garganta atorada con claveles

es tan apático el motor de los pueblos saciados

pan

más pan vestido de glamour

los pallares

las vacas engordadas con clorofila sintética

este es el viaje de las estrellas quebradas

al corazón moro de la subasta

no, no mires para atrás no recojas las prendas

de tus hermanos suicidados

no enjuagues tus cabellos en brea y esmeraldas

este cielo es nuevo, pero está lleno de ratas

no es celeste no es sano no es materno

es un sonido caliente hiriendo

con sus brasas

cada caja registradora en los museos

es sangre que revive la flor acicalada con malicia

con perfume de café extraído al tacto

este cielo agreste de gravitación kármika

cae el mundo en mi mano y se rehace.










Delivery en Glovo para Mahoma


Aquí va un pedazo de Montaña Mahoma, no sé cuál fue el último estado de las cosas, si tú te acercabas o ella iba a ti. Confuso, como el cielo amoratado que te cubre, distinto al que siento sobre mí. Lima colapsa, los gatos de colorete se acicalan en sus dueñas amancebadas con softporno.

Hice varios saludos al sol. Mirando al sur. Me he entregado a la devoción al Sol, Mahoma: tú eres un profeta. Yo soy un pedazo enfermo del sur. Observa que profeta y Mahoma terminan con la letra a. Esa vocal es característica de una mujer. Devota, odiada, reina, golpeada, ama, ensimismada, enferma, confundida, espinosa. Cuerpo y enfermo, terminan en o.

Para ti que llevas el género transmutado en tu nombre, envío un pedazo de montaña.

Observa Mahoma, yo he subido esa Montaña cada día. Le he pedido que me acerque a Dios y he resbalado, aún sobre mi enojo, he gritado y vociferado, despotricado al camino por estar mutilado y no ofrecer asfalto para subir a la sima, he caído y me he vuelto a poner de pie.

En cada explanada de las plazas, he hecho venias y he rezado. He vuelto a saludar al sol, aunque estuviera escondido. ¿Por qué se llaman de armas las plazas?

Hija, mamá gallina, compañera, esposa, escritora con a, cantante, amante, fiel (se prestan la e) y actriz, pilota de avión, Viajera y pésima maestra de las piedras. Cumplir con el dogma no cura la carne, nos salió mal el trabajo. He llorado escondida y he gritado como una loca. Antes que tener una profesión, he sido una loca, perdida en la lógica del dominio y he seguido subiendo la montaña. Pero he caído, pero también me he levantado.

¿Era la montaña cicatriz / verruga de un dios perverso?, osábamos pisar su dolor bajo los pies, calmar el nuestro, o era la montaña la imposibilidad de ser, llegar tan alto que el cuerpo se destruyera al llegar, sería eminente la pérdida del deseo.

Mahoma, allí en el paquete con el ciclista de Glovo, va un pedazo de montaña.

Es el pedazo que casi me cae en la cabeza, pero alcancé agarrar con mis manos. No me ha golpeado. Dios me estaba probando, a ver si por fin me daba cuenta que él me aborrecía y quería destruirme, por subir su montaña, cuando él había dicho que tú y la montaña estaban unidos para siempre y que tú eras el elegido para subirla, yo no.

Pero verás, que yo he querido subir la montaña y descubrir porque cuando tú no vas, ella tiene que ir a ti y encontrar signos imprevistos para tocar tu tienda.

Allí está la montaña Mahoma, afuera de tu carpa urbana, esperando que la reconozcas y así pueda contarte de mí escalada. Aunque estaba prohibido: yo subí. Y las piernas me sangraron y perdí los dientes y enfermé de amor.

Muchos me dijeron que era un castigo.

Pero no es castigo Mahoma, yo estoy poseída por esta luz sin nombre que te persigue y te busca, cuando tu no vas a ella, yo pido un Delivery y voy hacia ti.











Parábola para tuertos


¿Quién es el rey?

alguien nos domina

Caminamos empujándonos unos a otros

Sedientos por el ojo que nos falta

Las plazas, circunferencias astutas

Casa, corrales, colegios, antros

campos de batallas lunares

La angurria por el ojo que nos fue quitado

Nos obliga a deambular

Hay tuertos que al no soportar la asimetría

Se jalan el poco ojo que les queda

Otros se esconden del sol

su espada es tan filosamente azul

Como el vuelo del ave que engulle sus propios hijos

Creada en la pupila inocente de la música

El agujero infame derramado en una botella de cusqueña petrificada

La longitud de un mercado vacío donde ya no quedan chirimoyas

Sólo pepas, donde los tuertos resbalamos

Confundiendo las semillas con ojos olvidados

De vez en cuando alguien extiende el brazo y

Usa ungüento de sábila para calmar el dolor por los tropiezos

En la puerta del colegio médico

Las coronas de dalias se pudren tras las fotografías siniestras

Los héroes no pudieron volver a firmar una receta

Porque la luz nos ciega

vencerá

Por qué la luz es ciega

No vencerá

Y mientras nos acercamos a esa media oscuridad

nuestra vulgar comodidad de cíclopes venidos a menos

seguimos palpando las migajas que el gran ciego olvida al pasar.










Leche como lejía


Sangro leche como un río de lejía limpiando una casa

llena de plantas caníbales

El verano se escapa por las venas de mi hija

Ya lejana ella

Camina de la mano de sus monstruos lácteos

venidos de un firmamento

Del cual no tengo el password

Es otro código, refunfuño después de varios intentos

Otro es el mundo de pelucas y cambios alquímicos

Mis órganos reproductores

Le pertenecen al presidente de Estados Unidos

Y mi cuenta de banco en rojo aún más.

Yo nací en la mano cerrada de un cristo de yeso

Mi cuerpo era su guerra

Y allí se dibujaban los mapas como venas enraizadas

Mi hija viste de blanco como una novia cruel

Y orina en las mesas grasientas de los duendes recién confesados

El protocolo del abismo trae tulipanes en la boca

por fin entiendo que debo volver a la cueva

Donde las glándulas mamarias se reconstruyen

Puedo garantizarte hija, que, aunque se seque el mar

Mi teta apenas nutriente seguirá aquí silente y capicúa

Aunque la producción agrícola se haya convertido en papel higiénico.




(Fuente: La mula. pe)

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