Diario del neurólogo de guardia
Diario del neurólogo de guardia
Qué apacible maldición contemplar a los locos
y entablar con ellos las únicas relaciones posibles,
viajes estelares o metamorfosis que ante sus ojos
se producen en las cosas; tazas
que se marchitan como flores de un día.
Derrotados capitanes con las casacas quemadas por la pólvora
ocupan el paraninfo de sus pensamientos. De esto,
y de sus rostros que impresionan por su blancura,
habla en las noches de verano
la palidez de las palmeras en el parque.
Y su discurso va con la paulatina disolución del mundo
bajo mi propia taza, podridas formas,
restos de magnolias y carne asada, y
desvelos que crecieron como máscaras de cera descompuesta.
Este es el lenguaje que comunica con el infinito,
y lo siempre por venir; y a la vez es del pasado,
cuya flor no termina de cerrar, pero al
cabo se oscurece y cae, emitiendo señales.
En: Fuera de lo general, inédito
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