sábado, 16 de octubre de 2021

Humberto Díaz-Casanueva (Chile, 1906 - 1992)

 


LA VISIÓN

 
Yacía obscuro, los párpados caídos hacia
lo terrible acaso con el fin del mundo,
con estas dos manos insomnes entre el viento
que me cruzaba con sus restos de cielo.
Entonces ninguna idea tuve, en una blancura
enorme se perdieron mis sienes
como desangradas coronas
y mis huesos resplandecieron
como bronces sagrados.
Tocabas aquella cima de donde
el alba mana suavemente con mis manos
que traslucían un mar en orden mágico.
Era el camino más puro y era la luz ya sólida
por aguas dormidas, resbalaba hacia
mis orígenes quebrando mi piel blanca,
sólo su aceite brillaba.
Nacía mi ser matinal, acaso
de la tierra o del cielo que esperaba
desde antaño y cuyo paso de sombra apagó
mi oído que zumbaba como el nido del viento.
Por primera vez fui lúcido mas sin mi lengua
ni mis ecos sin lágrimas, revelándome nociones
y doradas melodías; solté una paloma
y ella cerraba mi sangre en el silencio,
comprendí que la frente se formaba
sobre un vasto sueño como una lenta costra
sobre una herida que mana sin cesar.
Eso es todo, la noche hacía de mis brazos ramos secretos y acaso mi espalda ya se cuajaba
en su misma sombra.
Torné a lo obscuro, a larva reprimida otra vez
en mi frente y un terror hizo que gozara
de mi corazón en claros cantos.
Estoy seguro que he tentado las cenizas
de mi propia muerte, aquellas que dentro
del sueño hacen mi más profundo desvelo.
 
 
 

LA INTOLERABLE UNIÓN DE LOS DESPOJOS

 

Todo se ha consumado de golpe
Como una trompeta te has partido en dos
y sale un chirrido no sale de ti sino de la sorda conclusión del tiempo
 
Sale el fantasma que porfiaba
en las conversaciones
¿Recuerdas?
¿Recuerdas el súbito crujido de la seda?
¿La insurrección de las sillas?
¿La camisa cada vez más lívida?
 
Decías Entré
Pero nadie entraba
Pero un remolino de música consumía
el espacio y quedábamos atónitos
sosteniendo la cúpula encendida
de otro mundo
 
Ahora el fantasma tiene aberturas de boca
y nada dice
Nadie dice nada
 
Las cosas se apagan lentamente
En tu feroz mordaza quedan
palabras quedan besos
 
Nadie dice nada
porque nada tiene sentido
Lo irrevocable es una verdad vacía
que nos acecha sin razón verdadera
 
Al contemplarte nos contemplamos
petrificados vivos
 
¡Oh forma! Oh crepitación de la forma
que nos liberta de la nada
al mismo tiempo que a ella nos conduce
 
Debo alabar o execrar tu muerte
como el desdoblamiento infinito
de una presencia apenas perceptible.
No sé.
Tengo vendada el alma
 
Sólo quiero ungir tus ojos con el claror
de mi vida
 
Te recuerdo como un caballo espumoso
tascando el freno de la muerte como un cíclope luchando contra una pared cornuda
Tierno cazando una estrella perdida
en tu cuerpo
 
Humilde cuidando una paloma coja
Iracundo ante la mesa vacía del pobre
 
¿Te has juntado contigo mismo?
¿Y de qué te vale el cumplimiento
de una soledad más vasta?
¿Allí no sé dónde tallando
con tus dientes un bosque
de marfil sin intención valedera?
Sólo abundabas en tu prójimo
 
 
 
 

EL SUSTRAÍDO IMPONE MI SOLEDAD

 

Pero esta noche no pasa
Un cuerpo tendido no deja pasar la noche
Una mana asida a pedazos
del mundo se deshoja
Los Vasos se Llenan de carbón
Tu pieza se convierte en gruta
Hay mucha gente
Tienen rostros llenos de paño
Nunca lograste tan grande auditorio
Escuchan recitar no a ti sino a tu silencio
Tu silencio aprende a recitar ya modulado
por máscaras tronchadas de ti mismo
¡Oh atleta! Oh héroe obscuro en la retribución
de todos nosotros!
Los orfeones tocan roncamente debajo del agua
¿Quién ha muerto? El que ha muerto
¿ha muerto verdaderamente?
¿Quien asesina con un latido seco en la indigencia
de una carne que se abre suplicante?
Hay alguien
Alguien de uñas perpetuas pintadas de azafrán entrando como un caníbal en tu pecho
Cierro los ojos y vuelo hacia allá donde
te deshace tu enigma más grande
Estoy solo en la noche del eremita
Las puertas se abren y se cierran
pero estoy solo
Estoy dentro de todos los seres
solo
El viento está dentro de un saco
Las estrellas suben corporales
Suben como si un hombre muy alto
se revolcara en un brasero
Estoy tocando algo montañoso algo
de unto manando de cada cosa de cada
dimensión que ahora atraviesas
hacia atrás
 
 
 

EL HOLOCAUSTO

 

¿Qué has hecho oh temerario?
Oh violador de una luz
que no es para ser vista?
Que sangre has quemado
en tu boca?
¿Por qué te olvidas de cicatrizarte?
Siempre te lo advertí
Oh yo el más juicioso de ambos
en la orfandad de todo lo existente!
Vivías con una memoria
que se aleja vestida
de escamas temblorosas
A ciegas en la conjuración de los ídolos
En el pasmo de tu propia semejanza
Como si tomarás posesión
de lo que disipamos
De aquello que no osamos
penetrar temerosos
de un significado excesivo
Mi gemelo
Mi nino del dedo carbonizado
Mi fabricante de máscaras parlantes
Mi vendedor de lámparas velludas
Mi apache de la noche blanca
 
Te doblas como un arcoiris
encima de tu muerte
Te inmolas para que dentro de nosotros
se abra del abismo estrellado
Ahora tan lejos a la vez que terriblemente
cerca te sacas tu sombrero de piedra
y me sonries
Tengo miedo
No te interpongas oh
estatua en que se estira un cuerpo
todavía sonando de su sangre
No quiero una vez más
agujerear la tierra susurrando
un canto entre sordas raíces
Con un tirso arrojo
a los que mueven ruedas
espesas en mi corazón dormido
Oh no me reconcilies con aquella
maldición primordial
Solo estás ensimismado?
¿Sólo entreabres el agua endurecida?
Como un capitán húndete
con tu antorcha de sangre altivo iluso
Húndete en tu canto
Convierte esos poderes fatales
en futuros prodigios
 
 
 

NO SOY EL MISMO 

 

No soy el mismo
No soy el que cree soy
No soy nadie
Nadie nadie y sin embargo
me asemejó
Nadie es siempre alguien
que ignora si acumula
o disipa la figura Invocarse
es más grande
que saberse
 
Mi fuerza está presa
en esta agua tatuada
Aprieto la hormiga que produzco
Abro puertas de hueso
Prefiero invitar a los casuales
Al ebrio que chupa las vinajeras
Al tigre desangrado
Al muerto que soporta en sus manos
montañas diminutas
 
Afuera un niño azul
me está esperando
Le estrujó su rocío
Mis noches son mendigas
del día que me falta
Entierro la sombra ya carnosa
Canto y ahogó voces
dentro de las mías
Quiero vivir aún más
vivo escribiendo secretos
en el suelo
Estas son mis danzas
desplomadas
Mis caballos hincados bajo
el peso de monturas de piedra
 
Dormido pudro
mi gran muerte
¿En mis latidos nos hemos
cruzado con quién?
¿Y como lo miro
con carbones apagados?
¿Y cómo le responde si me deja
los labios como heridas colgantes?
No entiende mi palabra sino
mi vagido
Sopla mi rostro
como en el cenicero
 
Levantó la mano cargada
de poderosos imanes
La mujer me pasa la manzana
El cuchillo me tiembla
y se derrite
Los labios son tajos del silencio
¡Ay! Tan simple comerse
la ardorosa manzana de la vida
y sin embargo el seno
que se torna negro el subtítuto
en la boda con aquella
que me cuela
la sangre
 
El cuerpo rechina
en la sombra.
Los cabellos acaban
en silbidos
Entonces con muñones
sujetó la manzana
La Luna es un momento
de la muerte
La serpiente se ha
quedado parada
Tengo miedo
Mis cejas corren como filas
de hormigas
Mi piel está cubriendo el muro
Para despertar me echan gotas
de oro en el oído
Quedó dentro del sol
que estoy helando
 
 
 

OBRA: El aventurero de Saba(1926)
Vigilia Por Dentro(1931)
El Blasfemo Coronado(1940)
Réquiem(1945)
La Estatua de Sal(1947)
La Hija Vertiginosa(1954)
Los Penitenciales(1960)
El Sol Ciego(1966)
Sol de Lenguas(1970)
El hierro y El Hilo(1980)
Los Veredictos(1981)
El Pájaro Dunga(1982)
El Traspaso de La Antorcha. Araucaria(1982)
La Aparición(1984)
El Niño de Robben Island(1985)
Vox Tatuada(1991)
Medusa y Otros Textos Inéditos (p2006))
RÍOS√2021
 
 
(Fuente: Marcelo Sepúlveda Ríos)

 

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