martes, 19 de octubre de 2021

Héctor Giuliano (Piamonte, Italia 1947) Reside en San Juan, Argentina.

 

 

De espaldas,
tendido,
la panza
aplastada
contra la estrecha banquina,
descolgadas las manos,
del viejo puente,
trapos latentes,
sueltas, al flameo, ,
impotentes,
estas garras inseguras,
en relieve o plano,
busca que busca
una gota,
un sorbo,
las botellas vacías,
allá, muy abajo,
estrelladas,
en medio de los pedregales
donde hubo un río,
un lecho vital,
hoy
ahorcado
por la sequía feroz
y los caprichos de la montaña;
no puedo subir un trago,
no puedo humedecer la lengua
con el deseo y la desesperación;
boca abajo,
medio o insolado,
medio o sin vínculos biliares,
solo y lleno, solo y neutro,
solo y abstracto,
por segunda y primera mitad,
ardiendo bajo los 40°,
el mundo externo
y la piedra tetona;
a cada rato trepida
la estructura, el fierrerío,
la pasadera,
los vehículos van y vienen,
alguien mira
desde las ventanillas,
curiosidad atenuada,
rutina,
diseño básico,
"¿qué habrá hecho
o estará por hacer?";
otros redoblan la bocina,
pero la mayoría
on the road,
ja,
es una pirámide metálica
que circula
en la extrema tensión,
la saciedad de lo vacío,
el espacio desviado;
la torsión humana,
magullada, provisional,
yegua de madera;
en el costado sur,
despapado,
me voy muriendo,
calcinado el corazón,
elemento simple
pero no preciso,
aunque no lo sé,
me voy
en blancos y grises,
desapegado
de ladridos y gruñidos,
como un perro amarillo
pudriéndose al sol.


-Inédito-

 

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