Aforismos: Lengua y Arte

La bondad del intelectual es la claridad de las ideas.
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El intelecto: zapapico del espíritu; no es más, pero tampoco menos.
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Estilo: Jabón del escritor. Una categoría higiénica, por tanto, no estética.
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Lo inculto es mudo, lo semi-culto, lo culto callado.
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Quién del arte disfruta, lo vuelve artificial.
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Muchas veces los argumentos en contra de una obra no se nos ocurren hasta que no vemos la cabeza de su autor.
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De la traducción de un idioma a otro lo más difícil es el silencio.
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Sería de provecho conocer al autor de las historias que nos contamos a nosotros y a otros cuando hablamos de nosotros mismos.
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Escritor: Ofrecer en holocausto al público el silencio de uno mismo.
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Es más difícil decir lo que se ve, que ver lo que se dice.
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Los aforismos son juegos del pensamiento consigo mismo. Es por eso por lo que jamás ni los Santos, ni los profetas de ellos se sirvieron.
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Dos categorías de críticos teatrales: unos hacen una crítica del teatro, otros, un teatro de la crítica.
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Nada en contra de la sociología – reconforta saber que no puede pensarse ni en una sociología de los átomos, ni en una de los dioses.
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El amor al cómo muchas veces no es más que el miedo al qué.
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La verdad de los sentidos se halla en lo sensible de la verdad – en el amor lo mismo que en logos.
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Un autor que sólo me confirma no ha escrito para mí; lo ha hecho solo aquel que me pone en un reto conmigo mismo.
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Un cómico que nos hace reír resulta ridículo si él mismo se ríe. Nadie puede sorprenderse a sí mismo.
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Melancolía del escritor: los vacíos entre sus líneas.
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Talentos: desequilibrios productivos.
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Quien quiere escribir con precisión, debe exagerar o la austeridad o la exuberancia. Perfiles son creaciones poéticas.
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Halló tantos temas para su silencio que para escribir no le quedó ninguno.
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No escribimos para no caer en el olvido, sino para traer a la memoria lo que se ha olvidado.
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Escribir significa anquilosar un pensamiento; leer desanquilosarlo.
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El hecho de que el día es la incógnita de “lo eterno”, le otorga al periodista rasgos de sacerdote.
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Cultura literaria – entiéndase por ello que se quiera – es siempre una especie de sadismo receptivo: disfrutar aquello que otros, los creadores, sufrieron.
DE: HANS KUDSZUS, JAWORTE, NEINWORTE. BIBLIOTHEC SUHRKAMP. SUHRKAMP VERLAG, FRANCFORT, 1970.
Humboldt. Berlin. Nro 43. 1970. Págs. 46.
(Fuente La Mecánica Celeste)
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