LA CABRA
Sobre el mostrador de una carnicería en el barrio oriental
había una cabeza, no muy grande,
un poco rizada,
de una cabra negra
de esas que trepan con tobillos delgados
por las laderas de piedra del desierto.
Tenía el ojo abierto
y sobre todo
cansado.
Tenía el ojo abierto
y cansado
hasta el alma.
Tenía el ojo abierto
y en él un mundo
de matarifes.
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NOMBRES
Nombres y más nombres multiplicados, triturados, melodiosos,
quien los pronuncia relincha como un caballo que llora en sueños.
Nombres de calles, compañeros de escuela y sus hermanas,
quien los pronuncia penetra en el espacio del clamor
Nombres que revolotean por el aire y cantan con rara insistencia,
como preservando un sitio prohibido,
más allá de la risa y el llanto –
Así sonaban las conversaciones de mis padres con sus paisanos
acerca de lo que fue.
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en “El lugar donde duele”, Vaso Roto, Madrid, 2013. Trad. del hebreo, Mario Wainstein y Florinda F. Goldberg.
(Fuente: Jonio González)
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