jueves, 21 de octubre de 2021

Gabriela Kizer (Caracas, Venezuela, 1964)

 

 

GUAYABO

 

Cuando niña
de visita a Urama
recogía, abría y revisaba guayabas
para todos,
hasta que un viejo me dijo
que así no se comía la guayaba,
que había que cerrar los ojos
y que si tenía o no tenía gusano era cosa de dios
o de sorpresa en el fruto que saliera con mejor sabor.
Yo seguía las instrucciones
y me comía cada tarde con las tripas revueltas
todos los gusanos de Urama.
Posiblemente ese haya sido
el primer contacto de mi lengua
con el sabor de la muerte
en los mejores frutos.
Con el tiempo aprendí a hacer mermelada,
a desaparecer el tacto baboso y frío
en el hervor de la hornilla,
aunque siempre sintiéndome cobarde.
Hoy quisiera otorgarte aquel sabor.
Pedirte incluso que no me permitas olvidar
la paciencia o el error
de aquella niña de diez años
sentada a la sombra cada tarde
y aprendiendo, sin saber,
a tragar
tu pedazo de muerte
y tu pedazo de vida.
 
 
 
___________________
en “Guayabo”, Ediciones Arte Dos Gráfico/Ediciones Esta Tierra de Gracia, Bogotá, 2002. 
 
 
(Fuente: Jonio González)

 

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