EN CASA DE MI MADRE LUEGO DE MUCHOS AÑOS
Este es el momento en que el fuego del hogar
necesita ser cubierto con cenizas...
Las manos de tu anciana madre lo harán,
manos que tiemblan, pero manos
cuyo temblor es todavía la medida
de la confortación... Habiendo sido arrullado por ellas
te duermes
y es tan placentero... Costumbre, calor, deleite y calma,
la intimidad del aliento y algo animal-divino,
para ser tanto el dador y el receptor
cuando te entregas
todo esto niega que podrías tener más de cuarenta.
Y por cierto, si sollozaras un poquito hacia la mañana,
sería tan sólo porque
un niño nunca se ríe mientras duerme,
solo llora... ¡Un niño!
Versiones del inglés, Robert Rivas.
(Fuente: Inútiles misterios blog)
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