El hombre aproximativo (1925-1930)
VI
incluso bajo la corteza de los abedules la vida se pierde en hipótesis sangrantes
donde los picos picotean los astros y los zorros estornudan ecos insulares
pero de qué profundidades surgían esos mechones de almas condenadas
que embriagan a los estanques con su caliente pereza
este es el cisne que gargariza su blanco de agua
blanco es el reflejo en el que el vapor se burla en el escalofrío de los leones marinos
fuera está el blanco
una clara canción de alas absorbe el viento en su corola de pavo real
que el arco iris desclava de la cruz del recuerdo
frotando los dientes del cielo batiendo la ropa en el río remolinean lo molinos blancos
entre los jirones de alma que fuman los opiómanos a la sombra de los gavilanes.
*
la boca arriba entre dos noticias contrarias se contrae como el mundo imprevisto entre sus mandíbulas
y el sonido seco se quiebra contra el cristal
porque jamás la palabra ha franqueado el umbral de los cuerpos
muerto está el impulso que hacía hervir el mal tiempo
que en los recipientes de los pobres horrorosas cabezas nuestras vecinas
y a pesar del cielo ciudadano de nuestros sentimientos fuera está blanco
qué importa el disgusto ya que nuestra fuerza es más ininflamable que la muerte
y su ardor no destruirá ni nuestros colores ni nuestros amores
mariscos y piedras estratificados en hileras de proverbios
el sentido es el único fuego invisible que nos consume desde el origen de la primera cifra
los avicultores hablan un lenguaje simple
formado por un alfabeto de pájaros con blancos fuera blanco es el dedo que los pensadores han frotado durante mucho tiempo contra su sién
nosotros no somos pensadores
nosotros estamos hechos de espejo y de aire
y a pesar de todo insatisfechos oscuros malhumorados impermeables
los dientes de sierra que adornan nuestra frente se relacionan con la muerte
y saltan a los ojos de una cosa a la otra a lo largo de todo el diccionario
frotando los dientes del cielo batiendo la ropa en el río
vomita blancas crestas la niebla se coagula entre nosotros
y pronto estaremos metidos en la materia densa y fangosa
pronto estaremos absorbidos por el esponjoso letargo del hierro
que excede de la longitud de una dolorosa letanía la cerveza y la mentira.
Surgido de cualquier glaciar mordiente en el que lo blanco está fuera gargarismo de nube
Chupa las raíces de nuestros iris la miel de los siglos por venir
*
marchito de la síntesis insumisa tónica
y florecida en rizos libre de piel
alta sobre la piedra del muro
frecuenta la muerte cotidiana mi jornada es frágil insomnio
ríe de cara y llora
*
mariscos y piedras estratificadas en hileras de proverbios
se leen de arriba abajo atención frágil vasos
las risas trepadoras siembran de tempestad las constelaciones de abejas
y los caracoles olfatean la maldita revuelta de los aguaceros
ríe de cara y llora de espaldas
porque fuera está siendo blanco
y como la trucha se apena contra la corriente saltando las barreras en sentido inverso de las cascadas
tú remontas tu encanecida juventud hasta el sol ha depositado sus huevos
y si de cada resplandor emerge una bulliciosa aureola de saludos
no se sabe qué alta marea de magia se lanza la conquista de nuevos puntos de retorno
así recoges tú en hilillos de sombra las rudas voluntades que pasan su vida muriendo por todos lados y los muertos continuos que no llegan a morir
el hombre ejecuta la eterna sustracción de cada tajada en sí mismo
que le queda por madurar de su duda negra hacia los duros soles
ríe de cara y llora de espaldas
*
caballeros de espasmos profundo es el cajón de antigüedad
que la pesca crepuscular y la ofrenda glacial han envejecido hasta el reposo de las palabras allá abajo
edificio pasta urbana
frotando los dientes del cielo batiendo la ropa en el río
poca leche poca azúcar poca
en la sombra de penas humeantes bajo las arcadas de tu corazón
canta en vela un rosario de ojos encerados
y sin alegría se alumbra a escape libre en el ojo del volcán
del avión la encrespada depresión del aire libre
caballero de espasmos viento es tu pensamiento centella la corrida
tempestad la obsesión botánica tu cama
el aroma de senderos se levanta y marcha en cabeza
y por largas cuestas resbalan fáciles las procesiones allá abajo
se trata del éxodo de las hojas hacia otros próximos amaneceres más fértiles
igual que está a fondo la sonda tu recuerdo olvidado
la lluvia ha roído la enfermedad de las piedras pías
alimento de los ratones las serpientes se disputan la presa de las guaridas
y la ceniza de los cadáveres lleva al rechinar de los abismos encajadas uno en el otro
en la sombra de penas humeantes una vela su pérfida inutilidad
*
quién nos indicará la hora agria donde el tomillo se mata de astucia
y hace fundir su color en el agua tierna de los besos burlones
desde el árbol los frutos disponen su tartamudez visual
fuera este blanco
blanca es tu sonrisa bandera de tu cuerpo más blanco que cualquier experiencia
frotando los dientes del cielo batiendo la ropa en el río
si me fortifico en las fuentes indicadoras de las libélulas de hierro es que
y si me extravío es que yo
jinete de cascadas el tiempo ha corrido sus riesgos y las primas
yo fui más fuerte y el otro tiempo fue mi compañero de mármol
los puños de los árboles muertos se elevan aún
y contra el otoño del firmamento luchan
es mi esperanza
*
ahora sumerjo tus ojos en el negro fondo de la canción del pobre
el vino será más vivo filtrado por las vísperas de tu pupila mariposa
ahora yo derrito en la vela recuerdo olvidado
errante con laberintos unidos a la sombra de mis pasos
con oscuros paquetes de laberintos sobre la espalda
perdido en el interior de mi mismo perdido
allí donde nadie se aventura llevado sobre la camilla de las alas del olvido
y a despecho de los cohetes partido hacia el interior del globo
los armarios geológicos somnolientos en la garganta de las montañas
en la que los cuervos turban el silencio indescifrable
atornillan sus largas y duras espirales de acero alrededor de un único vuelo
perdido en el interior de sí mismo allí donde nadie
se aventura salvo el olvido.
VIII
recuerdo una decepción sinuosa que saca del pasado su amarga sustancia
navegando sin claridad no sé adónde
se veía tal vez abrirse sobre el frente de la canción un balcón como una infancia tensa
que escupía la imagen por tierra
y rompía la explosiva juventud –unos rastros de sangre manchaban algún sitio
sobre unos pasos manchados por los crepúsculos retardados
unos versos enfebrecidos bajo la brasa
recuerdo también que era un día más dulce que una mujer
recuerdo tu imagen de pescado
frágil soledad tú querrías vencer todas las infancias de los paisajes
y únicamente tú faltabas a la llamada estrellada
recuerdo a un reloj que cortaba cabezas para indicar las horas
las que esperan en las encrucijadas los solitarios
en cada paseante solitario se desgarra un día la encrucijada de un día
y como la hora de amor viene del aire vuelve al aire
cada encrucijada se reencuentra en otra plácida espera con el aire que silba a lo lejos
infancia cada vez más lejana
en la tierra masticada con las cenizas en la cerrazón de las mandíbulas agrícolas
voraz puerta en la risa adulta de hierro
recuerdo la misteriosa precipitación que te embargaba después del paso de un convoy
cadenas masivas retumbaban negras en las cabezas
unos gallos levantaban un canto frugal entre cada par de miradas
y los vientos sacaban húmedos museos los ladridos recientes
iban a explotar a lo lejos donde no llegaba ya la memoria
explotaban con estrépito de llamas sin ruido
recuerdo una serena juventud que reunía en su muestrario
los suspiros brillantes de los estallidos dispersos
sin ruido pero rodeados de llamas
como a mí me gustan cuando resucitan metálicas de llamas
tú lo sabes-nevada adolescencia- lo recuerdas
los peligros revoloteantes en la bruma negra de lágrimas
por entre las boyas de los senos cortados
queremos beber toda la sangre de los roquedos purulentos de sol
que pretenden atrapar las olas de bocas brillantes
el mar mostraba cicatrices voluptuosamente calientes todavía
en cada gemido variaba su saco de carracas de tanto dolor
sin saber qué hacer recuerdas el ruido que nos enlazaba
nuestro abrazo que hacía palidecer los desgraciados presagios de la llama
y la compuerta del sol cedía bajo el peso de tanta claridad
un ojo de racimo que se revienta
era un día más dulce que una mujer que palpitaba de un cabo al otro
yo he visto su cuerpo y he vivido por su luz
su cuerpo se deslizaba por todas las habitaciones
ofrenda de los dioses insaciables a los ciegos adolescentes
montones de niños convertidos en saltamontes sobre las inmensas desolaciones de las playas
las clavijas chillonas de una alegría salvaje
las ramas picotean a los frágiles pajarillos
yo he visto su cuerpo estirado de una parte a otra
y he penetrado en su luz que pasaba de una habitación a otra
el árbol de látigos estriados de delgadas prolongaciones de oscuridad
el cuerpo inmensamente doloroso –era un día más dulce que una mujer
he mirado bajo las camas
de pesadas masas de sombra
dispuestas a volar alrededor de los ladrones dormidos
en la blanda superficie de sus camas
he visto agarradas a las orejas las aureolas
de pesadas masas guardadoras con negros puños
y marchando en mitad de la escritura sin tregua
la lluvia que rompe las alas grises y los prismas
de débiles voluntades fosforescentes perdidos por entre los rasgos de la risa
su trote que despierta los campos cerrados para los ojos
sin ruido atornillándose sobre el hueco del brocal del pozo
de raros jadeos de hierbas locas
y después de las catacumbas de pájaros los pájaros
que huyen a través de los tentáculos sumisos
los hermanos domesticados en el hielo
los ojos de porcelana fijos en los cercados de las patrias
donde se echa la tierra en charcos de cadáveres y de orina
más lejos he visto las pestañas que se aprietan alrededor de los pájaros –corona polar-
y las poderosas bajadas de los pájaros de luz
sobre el mundo inflamado de días sin salida
y después yo he visto nada más
alguien ha cerrado ruidosamente la puerta
-amiga llorosa en el fondo de la bodega-
la noche se arruga en mí
*
en veladas de ninfas a tientas
nieva desde este momento dulcemente desde los tejados de la noche
color de noche –vigilante de runas
que no estén nada más que los barrancos fatigados por el impetuoso pavonado
el ojo adornado con candelabros desciende de su vasar con una larga estela de silbidos agudos
se creía deslizar hacia las regiones duras de blancor
donde los témpanos cubiertos de suspiros de estrecho
hacia otros mares reaniman la inquietud hendidura
que la mañana abrupta abría en el corazón de la estación
la jauría de los perros se encarcela en la caza
de los corazones ligeros que muelen las cabañas de nieve
a los ojos de vidrio en el fondo de las probetas
por haber retrocedido demasiado en la llovizna de los despojos
alegres alrededor de las colgaduras
donde el amor se debate en la cárcel sudada al pie de la chimenea
y grita y gime como se exprime una naranja en la camisa de fuerza
de las barcas deshechas sobre las arenas mudas
una tos sin eco que golpea contra la puerta
el vacío donde bosteza el ronco azul
soplan las profundidades guturales de la onda-
tan maternal es el reproche distante que incuba el silencio en el brillante gusano-
inmóvil y luminoso ante tanta tensión
permanecer de pie tempestad a estribor
la rabia ha conquistado el turbulento espacio
y el delirio flagela las sombras de leche
no quedan nada más que fantoches que arrastran al capricho de los puertos
la ensangrentada mecedora de las agonías navales
las engañosas experiencias
abrumadas desvergonzadas emanaciones de los gritos oblongos de las hienas
mezcladas a los frenesís de las miasmas del cerebro
a las esperanzas impacientes por liberarse
era una mañana rugosa de cáscara y de caparazones vacíos en la crueldad
tan jóvenes eran las palabras que su significado resbalaba por la piel
cerrado alrededor no colmaba el follaje sonoro
del peso de los remordimientos
que la sangre incomprendida rumiaba en la inmensa devastación del mar
*
entonces retrocedí bajo los porches derruidos en silencio
la luna se encoge en mí –y yo era la noche entera-
a las garras fastuosas de rocas dispuestas a despedazar el silencio humano
*
los caminos sordos perdían sus alas
y el hombre crecía bajo el ala de silencio
hombre aproximativo como yo como tú y como los demás silencios
XII
el tiempo deja caer pequeñas pulgadas detrás de él
siega las finas moléculas en las praderas de agua
domina las bolsas de aire atraviesa su jungla
corta el gusano de la ola y de cada mitad nace llena de luz una mariposa
en el volcán se hilvana a lo largo de una nota de violín
riza el corte errante de vidrio en las finas horas de transparencia
allí donde nuestros sueños revuelven el cantarino manjar de luz
*
el río que la montaña enfila hacia el oriente articulado de peligros y porqués
y carga de medallas y de holocaustos a todo lo largo de las gardenias
se ha crispado alrededor de tu puño camino abotonado de mojones al sol vecinos a los campos
más allá de las riberas el arco agranda la sonrisa del espacio hasta el rictus del glaciar
y la lanzadera del tejedor punteado de ramas en la borrachera del ciempiés
atraviesa los obstáculos calvos y los ojos peludos de las flechas que veían
sin embargo la soldadura al borde del lago se deshace
como bocanadas de nubes se instalan sobre el agua los sentimientos ordenados de las canastillas bordadas con plumas estilográficas
o el trémolo de fuego que se mueve por el espacio que el eco ha vaciado
el viento huye de la puerta giratoria el viento examina los paisajes pasajeros
y la voluntad de ser uno mismo modifica en el hueco del chapoteo su continuo arriendo
*
las amapolas eléctricas bajo la concha de tortuga arropan los granos de arena y de belleza
el crepúsculo eleva los adioses al horizonte bañando con la fría claridad de estereoscopio
azotado por los resplandores navales da la vuelta a la prisión
y sus caídas de sitio en sitio preparan la electrificación de los ojos
adán y eva se esconden en el bello lugar del fruto hendido
dos vueltas hacen bajar el cielo subterráneamente a gemelos de otras épocas
con el sabor de los metales pesados los cristales de las estrellas ofrecen el regazo en la entrada de la cueva
en el roquedo petrificado en alto para usted
cayendo en el dejar-ir del invierno que esgrime sus sables
nulidad y embrutecimiento desgranan con sólida mano los árboles en el precipicio
gritando a los nuevos aires las partidas los saltos rapaces del vacío
en la ilusión de las blancuras oscurecidas por el cloroformo
que la piel del hielo lleva al mediodía de sangre
*
adolescente retardado en una nube de ángeles desafectos
no temas la sorda rapidez del río
que llevan consigo las estaciones de ricos collares de escarcha coronadas
y los jardines los puentes los objetos endormecidos
transporta el limo filial río arriba del destino
que abre en tu seno de pesada leona atado-
sin embargo el ritmo de hombres agota el secreto rubí sobre la uña
bajo la sotana hoja muerta acecha el embustero
el hombre anda prisionero en el doblez de su alma
rodeado de vapores de ángeles desafectos
porque en la palma de su día de fiesta
ha sonado la hora invisible del espíritu y el estigma del infinito de las voces
la cerradura falsea el sentido
cuando se despiertan los saltamontes de polvo que en cada herida colocan un corazón de araña
y garras secuestran al hombre en búsqueda de una gracia de ladrillo o de sol
sin embargo torpe por las miles de horas a las que la anafractuosidad de la roca engasta de increíble olvido
he elevado mi silencio al dulzor de la muerte
que se cree juvenil tan pronto nos transporta
que la cosecha de sus sentidos invade los nidos fieltro
donde la canícula vigila entorpece por entre las cejas de tabaco
que su soplo cierra las puertas a los búhos
que una lámina de noche acarrea el taciturno vello de las hormigas
el cordero se eclipsa del cielo germinado con las ortigas del granizo
y la revuelta brilla en el momento de las explosiones y de las alas ensangrentadas
por entre las debilidades apenas animadas aún de los náufragos
algunas espinas extraviadas en la inmensidad de los humos se dispersan
y mientras que la rabia aúlla al rayo de la luna
y derrama las fétidas oscuridades en las callejas vacilantes
que huyen por todos lados igual que los arroyos de vino del tonel de la creación
y que las mansiones no delimitan ya en rasgos cerrados de dientes vigilantes
se entrechocan la cabeza los edificios que ningún diluvio puede disolver en el ácido
crujen rotas ahora sobre el empedrado con los restos de maletas
y rechinan la muerte en las piedras duras en la cabeza
los esqueléticos gemidos que abren la tumba a las llamadas rampantes
cortando las arterias así es el descarrilamiento de las trombas que se amontonan
y se rehacen a nuestro lado
*
dios yuxtapuesto en cada alusión de gesto milimétrico
dios inserto entre las células no me dejas solo
como soy –único ser puesto en el centro del yunque horario
apagadas son tus llamadas a los parajes que aplauden y sin embargo lisas tus manos en las mías agarradas al vuelo de las crisis migradoras
y circular vive la soledad agazapada en el fondo de la grieta
encogido en el fondo de sí mismo me miro ausente y
me asombro de tanto poderme mover aún
en la periferia de la mancha extendida sobre la corteza terrestre
existen aún como yo algunas ligeras gotas de alma desechadas por la fuerza centrífuga
y allí donde el tronco se endereza en garabato de puñal
se pudren las almas oscuras que no pueden ver
*
accidentado es el valle que te alcanza dios de penumbra
y soberana las masas que lanzas entre nosotros
pero las tramontanas que nos dirigen y con las cuales nos relacionamos limpios
nos llevan más lejos
más lejos más lejos que la animación de tu sonrisa confusa más lejos
más lejos que el menosprecio donde tu caridad se alegra al prometer la pandilla de las tinieblas
más lejos que el llanto allí donde las recompensas no sabrían alejar el claro remo de nuestro grito de piratería
y los sobresaltos de errores y de impurezas que cultivamos en los semblantes de la aurora
impulsan con nosotros las frescas y vigorosas penetraciones
las líneas polares de las antenas
prensando la carne pútrida y terriblemente trabajada de desconocimiento
se levantan hasta una lucidez en lo sucesivo traspasadas a las esclusas de los sueños
consumándose en un insomnio ágil de caza y de ascua
la transfusión de los dulzores intrusos y los de los límites de las vidas y los de la desordenada orilla de los muertos
*
hombre con velas desplegadas por el viento lanzado a la miseria de las trampas
el ojo herido de las roquedas te compadece amargamente al compadecer
blanca es la inquietud que la espuma arroja contra la piedra
sin embargo el otoño ha empujado el suspiro de los largos rastros
y con bocanadas de papelotes desvalija a las crisálidas de las fluorescentes techumbres
sólo quedan las mujeres raídas de periódicos se empeñan en reanimar los juegos de primavera
irremediable aliento en la ganga de cada fibra saboreada y en las que cada fin es un comienzo
por la vía qué invencible rayo sabrán un día abrir la estancia del conocimiento
y más lejos que dios plantar los árboles de las banderas y de los puñales
condenado a sobrevivirte dolorosamente cercado de universo
desbordante de fuerzas aisladas pero impotente abrumado por los chirridos de las limas
tan poca cosa eres y tan poco limitado para el deseo estridente
que las afrentas maduran en tu regazo en flores innombrables
y sin embargo santa es la insatisfacción que te viste indomable andadura
germen de la inundación altanera de tiránicos números y media vuelta.
Traducción de FERNANDO MILLÁN
(Fuente: La Mecánica Celeste)
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