lunes, 12 de abril de 2021

Tristán Tzara (Rumania, 1896 - Francia, 1963)

 

 

El hombre aproximativo (1925-1930) 


VI

incluso bajo la corteza de los abedules la vida se pierde en hipótesis sangrantes

donde los picos picotean los astros y los zorros estornudan ecos insulares

pero de qué profundidades surgían esos mechones de almas condenadas

que embriagan a los estanques con su caliente pereza

este es el cisne que gargariza su blanco de agua

blanco es el reflejo en el que el vapor se burla en el escalofrío de los leones marinos

fuera está el blanco

una clara canción de alas absorbe el viento en su corola de pavo real

que el arco iris desclava de la cruz del recuerdo

frotando los dientes del cielo batiendo la ropa en el río remolinean lo molinos blancos

entre los jirones de alma que fuman los opiómanos a la sombra de los gavilanes.

*

 

la boca arriba entre dos noticias contrarias se contrae como el mundo imprevisto entre sus mandíbulas

y el sonido seco se quiebra contra el cristal

porque jamás la palabra ha franqueado el umbral de los cuerpos

muerto está el impulso que hacía hervir el mal tiempo

que en los recipientes de los pobres horrorosas cabezas nuestras vecinas

y a pesar del cielo ciudadano de nuestros sentimientos fuera está blanco

qué importa el disgusto ya que nuestra fuerza es más ininflamable que la muerte

y su ardor no destruirá ni nuestros colores ni nuestros amores

mariscos y piedras estratificados en hileras de proverbios

el sentido es el único fuego invisible que nos consume desde el origen de la primera cifra

los avicultores hablan un lenguaje simple

formado por un alfabeto de pájaros con blancos fuera blanco es el dedo que los pensadores han frotado durante mucho tiempo contra su sién

nosotros no somos pensadores

nosotros estamos hechos de espejo y de aire

y a pesar de todo insatisfechos oscuros malhumorados impermeables

los dientes de sierra que adornan nuestra frente se relacionan con la muerte

y saltan a los ojos de una cosa a la otra a lo largo de todo el diccionario

frotando los dientes del cielo batiendo la ropa en el río

vomita blancas crestas la niebla se coagula entre nosotros

y pronto estaremos metidos en la materia densa y fangosa

pronto estaremos absorbidos por el esponjoso letargo del hierro

que excede de la longitud de una dolorosa letanía la cerveza y la mentira.

Surgido de cualquier glaciar mordiente en el que lo blanco está fuera gargarismo de nube

Chupa las raíces de nuestros iris la miel de los siglos por venir

*

 

marchito de la síntesis insumisa tónica

y florecida en rizos libre de piel

alta sobre la piedra del muro

frecuenta la muerte cotidiana mi jornada es frágil insomnio

ríe de cara y llora

 

*

mariscos y piedras estratificadas en hileras de proverbios

se leen de arriba abajo atención frágil vasos

las risas trepadoras siembran de tempestad las constelaciones de abejas

y los caracoles olfatean la maldita revuelta de los aguaceros

ríe de cara y llora de espaldas

porque fuera está siendo blanco

y como la trucha se apena contra la corriente saltando las barreras en sentido inverso de las cascadas

tú remontas tu encanecida juventud hasta el sol ha depositado sus huevos

y si de cada resplandor emerge una bulliciosa aureola de saludos

no se sabe qué alta marea de magia se lanza la conquista de nuevos puntos de retorno

así recoges tú en hilillos de sombra las rudas voluntades que pasan su vida muriendo por todos lados y los muertos continuos que no llegan a morir

el hombre ejecuta la eterna sustracción de cada tajada en sí mismo

que le queda por madurar de su duda negra hacia los duros soles

ríe de cara y llora de espaldas

*

 

caballeros de espasmos profundo es el cajón de antigüedad

que la pesca crepuscular y la ofrenda glacial han envejecido hasta el reposo de las palabras allá abajo

edificio pasta urbana

frotando los dientes del cielo batiendo la ropa en el río

poca leche poca azúcar poca

en la sombra de penas humeantes bajo las arcadas de tu corazón

canta en vela un rosario de ojos encerados

y sin alegría se alumbra a escape libre en el ojo del volcán

del avión la encrespada depresión del aire libre

caballero de espasmos viento es tu pensamiento centella la corrida

tempestad la obsesión botánica tu cama

el aroma de senderos se levanta y marcha en cabeza

y por largas cuestas resbalan fáciles las procesiones allá abajo

se trata del éxodo de las hojas hacia otros próximos amaneceres más fértiles

igual que está a fondo la sonda tu recuerdo olvidado

la lluvia ha roído la enfermedad de las piedras pías

alimento de los ratones las serpientes se disputan la presa de las guaridas

y la ceniza de los cadáveres lleva al rechinar de los abismos encajadas uno en el otro

en la sombra de penas humeantes una vela su pérfida inutilidad

*

 

quién nos indicará la hora agria donde el tomillo se mata de astucia

y hace fundir su color en el agua tierna de los besos burlones

desde el árbol los frutos disponen su tartamudez visual

fuera este blanco

blanca es tu sonrisa bandera de tu cuerpo más blanco que cualquier experiencia

frotando los dientes del cielo batiendo la ropa en el río

si me fortifico en las fuentes indicadoras de las libélulas de hierro es que

y si me extravío es que yo

jinete de cascadas el tiempo ha corrido sus riesgos y las primas

yo fui más fuerte y el otro tiempo fue mi compañero de mármol

los puños de los árboles muertos se elevan aún

y contra el otoño del firmamento luchan

es mi esperanza

*

 

ahora sumerjo tus ojos en el negro fondo de la canción del pobre

el vino será más vivo filtrado por las vísperas de tu pupila mariposa

ahora yo derrito en la vela recuerdo olvidado

errante con laberintos unidos a la sombra de mis pasos

con oscuros paquetes de laberintos sobre la espalda

perdido en el interior de mi mismo perdido

allí donde nadie se aventura llevado sobre la camilla de las alas del olvido

y a despecho de los cohetes partido hacia el interior del globo

los armarios geológicos somnolientos en la garganta de las montañas

en la que los cuervos turban el silencio indescifrable

atornillan sus largas y duras espirales de acero alrededor de un único vuelo

perdido en el interior de sí mismo allí donde nadie

se aventura salvo el olvido.

 

 

VIII

recuerdo una decepción sinuosa que saca del pasado su amarga sustancia

navegando sin claridad no sé adónde

se veía tal vez abrirse sobre el frente de la canción un balcón como una infancia tensa

que escupía la imagen por tierra

y rompía la explosiva juventud –unos rastros de sangre manchaban algún sitio

sobre unos pasos manchados por los crepúsculos retardados

unos versos enfebrecidos bajo la brasa

recuerdo también que era un día más dulce que una mujer

recuerdo tu imagen de pescado

frágil soledad tú querrías vencer todas las infancias de los paisajes

y únicamente tú faltabas a la llamada estrellada

recuerdo a un reloj que cortaba cabezas para indicar las horas

las que esperan en las encrucijadas los solitarios

en cada paseante solitario se desgarra un día la encrucijada de un día

y como la hora de amor viene del aire vuelve al aire

cada encrucijada se reencuentra en otra plácida espera con el aire que silba a lo lejos

infancia cada vez más lejana

en la tierra masticada con las cenizas en la cerrazón de las mandíbulas agrícolas

voraz puerta en la risa adulta de hierro

recuerdo la misteriosa precipitación que te embargaba después del paso de un convoy

cadenas masivas retumbaban negras en las cabezas

unos gallos levantaban un canto frugal entre cada par de miradas

y los vientos sacaban húmedos museos los ladridos recientes

iban a explotar a lo lejos donde no llegaba ya la memoria

explotaban con estrépito de llamas sin ruido

recuerdo una serena juventud que reunía en su muestrario

los suspiros brillantes de los estallidos dispersos

sin ruido pero rodeados de llamas

como a mí me gustan cuando resucitan metálicas de llamas

tú lo sabes-nevada adolescencia- lo recuerdas

los peligros revoloteantes en la bruma negra de lágrimas

por entre las boyas de los senos cortados

queremos beber toda la sangre de los roquedos purulentos de sol

que pretenden atrapar las olas de bocas brillantes

el mar mostraba cicatrices voluptuosamente calientes todavía

en cada gemido variaba su saco de carracas de tanto dolor

sin saber qué hacer recuerdas el ruido que nos enlazaba

nuestro abrazo que hacía palidecer los desgraciados presagios de la llama

y la compuerta del sol cedía bajo el peso de tanta claridad

un ojo de racimo que se revienta

era un día más dulce que una mujer que palpitaba de un cabo al otro

yo he visto su cuerpo y he vivido por su luz

su cuerpo se deslizaba por todas las habitaciones

ofrenda de los dioses insaciables a los ciegos adolescentes

montones de niños convertidos en saltamontes sobre las inmensas desolaciones de las playas

las clavijas chillonas de una alegría salvaje

las ramas picotean a los frágiles pajarillos

yo he visto su cuerpo estirado de una parte a otra

y he penetrado en su luz que pasaba de una habitación a otra

el árbol de látigos estriados de delgadas prolongaciones de oscuridad

el cuerpo inmensamente doloroso –era un día más dulce que una mujer

he mirado bajo las camas

de pesadas masas de sombra

dispuestas a volar alrededor de los ladrones dormidos

en la blanda superficie de sus camas

he visto agarradas a las orejas las aureolas

de pesadas masas guardadoras con negros puños

y marchando en mitad de la escritura sin tregua

la lluvia que rompe las alas grises y los prismas

de débiles voluntades fosforescentes perdidos por entre los rasgos de la risa

su trote que despierta los campos cerrados para los ojos

sin ruido atornillándose sobre el hueco del brocal del pozo

de raros jadeos  de hierbas locas

y después de las catacumbas de pájaros los pájaros

que huyen a través de los tentáculos sumisos

los hermanos domesticados en el hielo

los ojos de porcelana fijos en los cercados de las patrias

donde se echa la tierra en charcos de cadáveres y de orina

más lejos he visto las pestañas que se aprietan alrededor de los pájaros –corona polar-

y las poderosas bajadas de los pájaros de luz

sobre el mundo inflamado de días sin salida

y después yo he visto nada más

alguien ha cerrado ruidosamente la puerta

-amiga llorosa en el fondo de la bodega-

la noche se arruga en mí

*

 

en veladas de ninfas a tientas

nieva desde este momento dulcemente desde los tejados de la noche

color de noche –vigilante de runas

que no estén nada más que los barrancos fatigados por el impetuoso pavonado

el ojo adornado con candelabros desciende de su vasar con una larga estela de silbidos agudos

se creía deslizar hacia las regiones duras de blancor

donde los témpanos cubiertos de suspiros de estrecho

hacia otros mares reaniman la inquietud hendidura

que la mañana abrupta abría en el corazón de la estación

la jauría de los perros se encarcela en la caza

de los corazones ligeros que muelen las cabañas de nieve

a los ojos de vidrio en el fondo de las probetas

por haber retrocedido demasiado en la llovizna de los despojos

alegres alrededor de las colgaduras

donde el amor se debate en la cárcel sudada al pie de la chimenea

y grita y gime como se exprime una naranja en la camisa de fuerza

de las barcas deshechas sobre las arenas mudas

una tos sin eco que golpea contra la puerta

el vacío donde bosteza el ronco azul

soplan las profundidades guturales de la onda-

tan maternal es el reproche distante que incuba el silencio en el brillante gusano-

inmóvil y luminoso ante tanta tensión

permanecer de pie tempestad a estribor

la rabia ha conquistado el turbulento espacio

y el delirio flagela las sombras de leche

no quedan nada más que fantoches que arrastran al capricho de los puertos

la ensangrentada mecedora de las agonías navales

las engañosas experiencias

abrumadas desvergonzadas emanaciones de los gritos oblongos de las hienas

mezcladas a los frenesís de las miasmas del cerebro

a las esperanzas impacientes por liberarse

era una mañana rugosa de cáscara y de caparazones vacíos en la crueldad

tan jóvenes eran las palabras que su significado resbalaba por la piel

cerrado alrededor no colmaba el follaje sonoro

del peso de los remordimientos

que la sangre incomprendida rumiaba en la inmensa devastación del mar

*

 

entonces retrocedí bajo los porches derruidos en silencio

la luna se encoge en mí –y yo era la noche entera-

a las garras fastuosas de rocas dispuestas a despedazar el silencio humano

*

 

los caminos sordos perdían sus alas

y el hombre crecía bajo el ala de silencio

hombre aproximativo como yo como tú y como los demás silencios

 

 

XII

el tiempo deja caer pequeñas pulgadas detrás de él

siega las finas moléculas en las praderas de agua

domina las bolsas de aire atraviesa su jungla

corta el gusano de la ola y de cada mitad nace llena de luz una mariposa

en el volcán se hilvana a lo largo de una nota de violín

riza el corte errante de vidrio en las finas horas de transparencia

allí donde nuestros sueños revuelven el cantarino manjar de luz

*

 

el río que la montaña enfila hacia el oriente articulado de peligros y porqués

y carga de medallas y de holocaustos a todo lo largo de las gardenias

se ha crispado alrededor de tu puño camino abotonado de mojones al sol vecinos a los campos

más allá de las riberas el arco agranda la sonrisa del espacio hasta el rictus del glaciar

y la lanzadera del tejedor punteado de ramas en la borrachera del ciempiés

atraviesa los obstáculos calvos y los ojos peludos de las flechas que veían

sin embargo la soldadura al borde del lago se deshace

como bocanadas de nubes se instalan sobre el agua los sentimientos ordenados de las canastillas bordadas con plumas estilográficas

o el trémolo de fuego que se mueve por el espacio que el eco ha vaciado

el viento huye de la puerta giratoria el viento examina los paisajes pasajeros

y la voluntad de ser uno mismo modifica en el hueco del chapoteo su continuo arriendo

*

 

las amapolas eléctricas bajo la concha de tortuga arropan los granos de arena y de belleza

el crepúsculo eleva los adioses al horizonte bañando con la fría claridad de estereoscopio

azotado por los resplandores navales da la vuelta a la prisión

y sus caídas de sitio en sitio preparan la electrificación de los ojos

adán y eva se esconden en el bello lugar del fruto hendido

dos vueltas hacen bajar el cielo subterráneamente a gemelos de otras épocas

con el sabor de los metales pesados los cristales de las estrellas ofrecen el regazo en la entrada de la cueva

en el roquedo petrificado en alto para usted

cayendo en el dejar-ir del invierno que esgrime sus sables

nulidad y embrutecimiento desgranan con sólida mano los árboles en el precipicio

gritando a los nuevos aires las partidas los saltos rapaces del vacío

en la ilusión de las blancuras oscurecidas por el cloroformo

que la piel del hielo lleva al mediodía de sangre

*

 

adolescente retardado en una nube de ángeles desafectos

no temas la sorda rapidez del río

que llevan consigo las estaciones de ricos collares de escarcha coronadas

y los jardines los puentes los objetos endormecidos

transporta el limo filial río arriba del destino

que abre en tu seno de pesada leona atado-

sin embargo el ritmo de hombres agota el secreto rubí sobre la uña

bajo la sotana hoja muerta acecha el embustero

el hombre anda prisionero en el doblez  de su alma

rodeado de vapores de ángeles desafectos

porque en la palma de su día de fiesta

ha sonado la hora invisible del espíritu y el estigma del infinito de las voces

la cerradura falsea el sentido

cuando se despiertan los saltamontes de polvo que en cada herida colocan un corazón de araña

y garras secuestran al hombre en búsqueda de una gracia de ladrillo o de sol

sin embargo torpe por las miles de horas a las que la anafractuosidad de la roca engasta de increíble olvido

he elevado mi silencio al dulzor de la muerte

que se cree juvenil tan pronto nos transporta

que la cosecha de sus sentidos invade los nidos fieltro

donde la canícula vigila entorpece por entre las cejas de tabaco

que su soplo cierra las puertas a los búhos

que una lámina de noche acarrea el taciturno vello de las hormigas

el cordero se eclipsa del cielo germinado con las ortigas del granizo

y la revuelta brilla en el momento de las explosiones y de las alas ensangrentadas

por entre las debilidades apenas animadas aún de los náufragos

algunas espinas extraviadas en la inmensidad de los humos se dispersan

y mientras que la rabia aúlla al rayo de la luna

y derrama las fétidas oscuridades en las callejas vacilantes

que huyen por todos lados igual que los arroyos de vino del tonel de la creación

y que las mansiones no delimitan ya en rasgos cerrados de dientes vigilantes

se entrechocan la cabeza los edificios que ningún diluvio puede disolver en el ácido

crujen rotas ahora sobre el empedrado con los restos de maletas

y rechinan la muerte en las piedras duras en la cabeza

los esqueléticos gemidos que abren la tumba a las llamadas rampantes

cortando las arterias así es el descarrilamiento de las trombas que se amontonan

y se rehacen a nuestro lado

*

 

dios yuxtapuesto en cada alusión de gesto milimétrico

dios inserto entre las células no me dejas solo

como soy –único ser puesto en el centro del yunque horario

apagadas son tus llamadas a los parajes que aplauden y sin embargo lisas tus manos en las mías agarradas al vuelo de las crisis migradoras

y circular vive la soledad agazapada en el fondo de la grieta

encogido en el fondo de sí mismo me miro ausente y

me asombro de tanto poderme mover aún

en la periferia de la mancha extendida sobre la corteza terrestre

existen aún como yo algunas ligeras gotas de alma desechadas por la fuerza centrífuga

y allí donde el tronco se endereza en garabato de puñal

se pudren las almas oscuras que no pueden ver

*

 

accidentado es el valle que te alcanza dios de penumbra

y soberana las masas que lanzas entre nosotros

pero las tramontanas que nos dirigen y con las cuales nos relacionamos limpios

nos llevan más lejos

más lejos más lejos que la animación de tu sonrisa confusa más lejos

más lejos que el menosprecio donde tu caridad se alegra al prometer la pandilla de las tinieblas

más lejos que el llanto allí donde las recompensas no sabrían alejar el claro remo de nuestro grito de piratería

y los sobresaltos de errores y de impurezas que cultivamos en los semblantes de la aurora

impulsan con nosotros las frescas y vigorosas penetraciones

las líneas polares de las antenas

prensando la carne pútrida y terriblemente trabajada de desconocimiento

se levantan hasta una lucidez en lo sucesivo traspasadas a las esclusas de los sueños

consumándose en un insomnio ágil de caza y de ascua

la transfusión de los dulzores intrusos y los de los límites de las vidas y los de la desordenada orilla de los muertos

*

 

hombre con velas desplegadas por el viento lanzado a la miseria de las trampas

el ojo herido de las roquedas te compadece amargamente al compadecer

blanca es la inquietud que la espuma arroja contra la piedra

sin embargo el otoño ha empujado el suspiro de los largos rastros

y con bocanadas de papelotes desvalija a las crisálidas de las fluorescentes techumbres

sólo quedan las mujeres raídas de periódicos se empeñan en reanimar los juegos de primavera

irremediable aliento en la ganga de cada fibra saboreada y en las que cada fin es un comienzo

por la vía qué invencible rayo sabrán un día abrir la estancia del conocimiento

y más lejos que dios plantar los árboles de las banderas y de los puñales

condenado a sobrevivirte dolorosamente cercado de universo

desbordante de fuerzas aisladas pero impotente abrumado por los chirridos de las limas

tan poca cosa eres y tan poco limitado para el deseo estridente

que las afrentas maduran en tu regazo en flores innombrables

y sin embargo santa es la insatisfacción que te viste indomable andadura

germen de la inundación altanera de tiránicos números y media vuelta.

 

 

Traducción  de FERNANDO MILLÁN

 

 

(Fuente: La Mecánica Celeste)


 

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