domingo, 11 de abril de 2021

Ramón Andrés (Pamplona, España, 1955)

 

 


Sin donación

 

Un poema sencillo,
como el corazón de un perro,
no me será dado.                       Nada es fácil,
no lo es acercarte a un árbol viejo,
          entre la densa bruma,
ver que es el padre que ya no te recuerda.
Se ha ido igual que las ondas apaciguadas
tras el salto de la trucha.
Rezas, no rezas. No crees, no rezas. Rezar
es no pedir, no pedir, no juntar las manos,
desmigajar el pan para su boca enferma.
Es silla, cordón mal atado, hueso de flauta,
rebaño polvoriento que baja hacia su mente.

En estos lugares se aprende lo extraño:
ves la sombra del águila en el río
y algo te dice que es la nave
de los muertos que va a su desembocadura.

Algo te dice que tú también estás ávido
de no pesar, ávido de no tener lengua,
y, en cambio, de pronto, la espina en el pie
te devuelve escindido a tu comienzo. El dolor.
                El camino siempre avisa,
                y no lo que se acerca por él.

 

 

(Fuente: Ada lírica)

 

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