martes, 13 de abril de 2021

Manuel Scorza (Perú, 1928 - España, 1983)

 

 


¡Una revolución que sólo es una revolución no es una revolución!

 

 
En el principio el hombre abandonaba a sus muertos.
Hace cincuenta mil años comenzó a cavar tumbas.
En la piel de las cavernas cinceló sus miedos bellísimos:
inventó el alma.
Por eso estoy aquí
aventando palabras contra el cielo indiferente.
 
En el parque tu hija juega.
La vida pasa tan rápido
que una de estas tardes regresará hermosísima mujer.
Nicolás, deberíamos tratar de decir la verdad.
Porque en esos tiempos
adolescentes áureos combatían en el horror de América.
¡Más que la metralla los diezmaban sus sueños!
Hermosos nacían a la muerte.
Nosotros tatuábamos poemas olvidables
en cuerpos olvidables de mujeres olvidadas.
En chinganas de mala muerte
cauterizábamos nuestro fracaso
bebiendo aguardiente que no era Agua Ardiente.
El Che llevaba en su mochila versos de León Felipe,
y Javier Heraud también versos en su chaqueta.
El impiadoso río Madre de Dios
arrastró su juventud acribillada.
¡Pero la vida fluye más rápido que el río Madre de Dios!
¡Imposible erigir otro mundo
sin desembarcar en las islas vistas en sueños!
¡Una revolución que sólo es una revolución no es una revolución!
Hay que derribarlo todo.
No permitir que retoñe de nuevo esta realidad.
¡Impedir que vuelvan a existir esta vida, esta agua,
esta patria, esta luz, este amor, este futuro, este sol!
 
¿Quién podría absolvernos?
Un ígneo poema nos rescataría.
Pero no pronunciamos la Palabra.
 
En el parque tu hija juega.
Regresará hermosísima vida.
¿Y qué?
La vida vale la pena.
Estoy alegre, estoy árbol, estoy relámpago, estoy luz.
El hombre que está más cerca de su muerte que de su nacimiento
necesita urgentemente ser feliz.
 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario